
Rania Al-Yassin tiene casi 11 millones de seguidores en su cuenta de Instagram. Es dueña de una llamativa belleza y la moderna sofisticación de sus looks la convirtieron en un referente de la moda contemporánea. Con tales características, esta mujer de 55 años podría ser tranquilamente una celebrity.
Sin embargo, su rol es otro muy distinto. Ella es la reina de Jordania, el país de Medio Oriente cuya selección de fútbol juega contra la Argentina.
Elegante, con un estilo personal que no pasa nunca desapercibido, la monarca del Reino Hachemita de Jordania es mucho más que una buena imagen. Sabe aprovechar su lugar en el trono jordano para promover políticas de educación pública, defender el empoderamiento femenino y mejorar los servicios de protección de los niños. De hecho, desde 2007 es Defensora Eminente de la Infancia de Unicef.
Infancia y estudios
Rania nació en Kuwait el 31 de agosto de 1970. Es hija de padres de origen palestino, el pediatra Faisal Al-Yassin e Ilham Yassin. En esa nación del Golfo Pérsico, la futura monarca pasó, junto a sus dos hermanos, la infancia y la adolescencia. Estudió la primaria y la secundaria en la English School de Kuwait.
Más tarde se mudó a Egipto para estudiar Administración de Empresas en la Universidad Americana de El Cairo. Cuando en 1991 comenzó la Guerra del Golfo, su familia debió salir de Kuwait. Eligieron como destino Amán, la capital de Jordania, donde también se dirigió la muchacha que había acabado su carrera en Egipto.
En la capital jordana la futura monarca encontraría trabajo en dos importantes multinacionales. Primero, en el Citibank y poco tiempo después, en Apple Inc.
Amor a primera vista y una boda fastuosa
En el verano de 1992, la vida de Rania daría un giro inesperado. Fue cuando conoció al príncipe de Jordania, Abdala bin Al Hussein, hijo del entonces monarca hachemita Hussein I. Según narran las crónicas, los chispazos entre ambos surgieron a primera vista. A partir de allí, nada fue lo mismo.
“Tenía una sonrisa tan grande y una energía tan contagiosa que nos llevamos muy bien. Ya sabemos lo que sucedió después”, contó ella en 2016. “En el momento en que Rania entró, lo supe. Fue amor a primera vista”, dijo él, por su parte, en otra entrevista de 2005.
El amor entre esta joven plebeya de 22 años y el príncipe, de 31, fue tan fulgurante y vertiginoso que no faltó mucho para que terminara en el altar. Antes de ello, vivieron unos meses de aventuras: anduvieron en moto por el desierto, hicieron esquí acuático en el Mar Rojo y realizaron varios vuelos en helicóptero.
Pronto, acompañado por su padre el Rey, Abdala se dirigió a la casa familiar de Rania para proponerle casamiento. La respuesta fue sí y fijaron fecha: el 10 de junio de 1993.
La boda fue, como corresponde a una pareja de su alcurnia, a todo lujo. Al Palacio de Zahran, en Amán, ornamentado con todo el boato, llegaron miembros de las familias reales de todo el mundo. Allí, la novia demostró, con un vestido esplendoroso diseñado por Bruce Oldfield, que había arribado al universo de los ricos y famosos una verdadera princesa de la moda.
De Princesa a reina
Pero a la vida de esta joven que se había encontrado de pronto envuelta en un romance sangre azul le faltaba todavía un capítulo trascendente. Cuando ella conoció a Abdala, él, pese a ser el primogénito, no era el heredero natural de la corona de su padre. Hussain había decretado en 1965, por cuestiones políticas, pasarle el cetro a su hermano Hasan.
Pero, poco antes de morir, el monarca decidió cambiar esta norma. El 7 de febrero de 1999, para sorpresa de muchos, nombró como sucesor a su hijo Abdala.
El 9 de febrero de 1999 el príncipe heredero se coronó formalmente como el rey Abdala II. En ese momento, tras la ceremonia, Rania se había convertido en princesa consorte. Pero su marido, en un gesto de amor y reconocimiento, quiso elevar su dignidad real. El 22 de marzo de ese año la designó reina de Jordania.
En su coronación, la monarca volvió a ratificar su relevancia en el mundo de la moda. Se presentó a la ceremonia con un vestido dorado despampanante y con delicadas cuentas, con un diseño creado por el libanés Elie Saab.
A partir de entonces, Rania fue la mujer más influyente de su país. En 2004, como una cristalización de esta importancia, Abdala II la nombró honorariamente como jefa de las Fuerzas Armadas de su nación.
Fuera del Reino Hachemita de Jordania, la reina también se muestra como una figura relevante. Participa en diversos foros exhibiendo siempre su compromiso con la infancia, la educación y la denuncia de diversas situaciones de desigualdad. Se consolidó como una importante embajadora de la mujer de su país y es una de las pocas figuras femeninas que participa en el Foro Económico de Davos.
Inquieta y solidaria, la monarca colabora con distintas fundaciones de su país y se preocupa por generar puentes entre distintos pueblos y religiones. Gracias a sus distintas actividades, Rania de Jordania ha visitado a través de los años a los líderes más trascendentes del planeta.
Madre, influencer, escritora y reina de la moda
Rania y Abdala II tuvieron cuatro hijos: Hussein, primogénito y heredero del trono, nacido en 1994; Iman, que nació en 1996; Salma, del año 2000, y Hashem, en 2005.
Otro aspecto a destacar de esta influyente y sofisticada monarca de Medio Oriente es que fue una de las primeras integrantes de la realeza en el mundo que echó mano de las redes sociales para contar episodios de su vida familiar o para compartir actividades sociales y reflexiones. Millones la siguen en sus cuentas de Twitter, Instagram, Facebook o también en su propio canal de YouTube.
Otra de las facetas de esta mujer de múltiples iniciativas es su dedicación a la literatura infantil. Escribió cuatro libros para niños y uno de ellos, El intercambio de sandwichs, estuvo entre la lista de los más vendidos del New York Times.
En cuanto a la pasión de Rania por la moda, los especialistas en el mundo de la alta costura aseveran que la monarca aprendió a fusionar la elegancia real con los usos contemporáneos, la sofisticación con la modernidad. Todo ello la convirtió en una de las mujeres más influyentes a la hora de imponer estilos, ya sea para eventos de gala como para ocasiones más informales.
Otro rasgo distintivo de esta reina es que, en su vestuario, le da tanta cabida a marcas prestigiosas internacionales —Elie Saab y Giorgio Armani están entre sus preferidos— como a nuevos talentos o emprendedores del Oriente Medio, algo que también sirve para visibilizar la industria de la moda de la región en la que vive.
“La moda es un modo de expresarme creativamente. Siempre me gustaron los trajes y me divierto con ello”, dijo alguna vez esta mujer, que suele completar sus looks con accesorios discretos, que nunca resaltan más que su elegante vestuario.
La reina jordana no se ha hecho presente hasta ahora en la Copa del Mundo 2026, un torneo al que accedió por primera vez en la historia la selección de su país. En cambio, sí estuvo alentando a su equipo nacional el monarca hachemita, Abdalá II.
También se vio en las gradas de los dos partidos de la selección jordana al príncipe Al Hussein, heredero del trono, a su esposa, la princesa Rajwa, y a la pequeña hija de ambos, Imán, que aún no cumplió los dos años. Todos ellos, ataviados con la casaca del combinado de su país.
En el caso del rey, en la zaga de su camiseta llevaba el número 99 y una palabra árabe, Al-Nashama, que significa “los valientes” o “los nobles”, un término que describe los valores de los jordanos.
