La temporada de huracanes del Atlántico registra el inicio más tardío en 60 años y rompe un récord histórico

La temporada de huracanes del Atlántico registra el inicio más tardío en 60 años y rompe un récord histórico
La temporada de huracanes del Atlántico registra el inicio más tardío en 60 años y rompe un récord histórico

Hasta el 15 de septiembre, el Atlántico no había registrado ningún huracán en la temporada de 2026, el inicio más tardío en 60 años.

Cinco tormentas nombradas se habían formado sin alcanzar esa categoría desde el comienzo de la vigilancia satelital moderna, en 1966.

El Niño, la cizalladura vertical del viento y el aire seco sobre el Atlántico tropical frenaron el desarrollo de esos sistemas. La situación mantenía en alerta a las costas de Estados Unidos y el Caribe.

La cadena CBS News informó que la marca anterior correspondía al 11 de septiembre, una fecha registrada en las temporadas de 2002 y 2013.

La ausencia de huracanes se extendió durante más de tres meses desde el inicio oficial del período, el 1 de junio.

El Niño, la cizalladura vertical del viento y el aire seco frenaron el desarrollo de ciclones en el Atlántico tropical (REUTERS/David Swanson)

El récord, superado el 12 de septiembre

El Centro Nacional de Huracanes señala que una tormenta recibe nombre cuando sus vientos sostenidos alcanzan 63 km/h. La categoría de huracán comienza cuando llegan a 119 km/h.

La temporada ya había producido las tormentas tropicales Arthur, Bertha, Cristobal, Dolly y Edouard. Ninguna evolucionó hasta convertirse en huracán.

Según CBS News, los registros climatológicos del período 1991-2020 muestran que el primer huracán suele aparecer entre comienzos y mediados de agosto. Para mediados de septiembre, la demora ya superaba ese patrón.

El diario USA Today precisó que el récord quedó superado el 12 de septiembre, cuando el Atlántico excedió la mayor espera documentada en la era moderna.

También indicó que la temporada se extiende hasta el 30 de noviembre, por lo que la falta de huracanes no eliminaba el riesgo durante las semanas posteriores.

La cuenca llegó al 10 de septiembre, su fecha de mayor actividad promedio, sin huracanes. Para entonces, una temporada atlántica suele haber generado cuatro, además de más tormentas con nombre.

Cinco tormentas tropicales nombradas se formaron hasta el 15 de septiembre sin alcanzar la categoría de huracán (NASA WORLDVIEW/Distribución vía REUTERS)

El efecto de El Niño sobre la actividad tropical

Michael Lowry, especialista en huracanes de WPLG-TV, resumió el escenario en su blog Eye on the Tropics: “La cuenca atlántica está tan muerta”.

El principal factor señalado por las tres coberturas fue El Niño, una fase climática que modifica la circulación atmosférica entre el Pacífico y el Atlántico. El fenómeno favorece una mayor cizalladura vertical del viento sobre el Caribe y el Atlántico tropical.

La cizalladura ocurre cuando cambian la velocidad o la dirección del viento entre distintos niveles de la atmósfera. Ese contraste puede separar las tormentas de sus núcleos de convección e impedir que se organicen.

Phil Klotzbach, especialista de la Universidad Estatal de Colorado, explicó a CNN que la cizalladura sobre la principal región de desarrollo del Atlántico alcanzó niveles récord durante el verano.

Esa zona abarca la franja que va desde África hasta el Caribe y suele concentrar buena parte de los sistemas entre agosto y octubre.

La cizalladura en la principal región de desarrollo del Atlántico alcanzó niveles récord durante el verano de 2026 (REUTERS/Erika Santelices)

Cizalladura récord en el verano de 2026

CNN indicó que las temperaturas del océano podían aportar energía a los ciclones. El obstáculo estaba en la atmósfera, donde los vientos en altura limitaron el ascenso de aire húmedo necesario para formar tormentas más organizadas.

Klotzbach también señaló a USA Today que el promedio de cizalladura de 30 días a comienzos de septiembre fue el más alto desde el inicio de la era de los satélites globales, en el 1979. El valor superó por más de tres nudos al registrado en cualquier otro año.

La publicación remarcó que los otros cuatro años con mayor cizalladura vertical coincidieron con fases de El Niño: 1979, 1986, 1997 y 2015.

La relación entre ese patrón del Pacífico y la reducción de ciclones en el Atlántico ya había sido contemplada en los pronósticos estacionales.

La actividad ciclónica acumulada cayó al mínimo desde 1950

La falta de huracanes también quedó reflejada en la Energía Ciclónica Acumulada, una medida que combina la intensidad y la duración de cada tormenta tropical. El indicador alcanzó apenas 4,4 hasta el 10 de septiembre.

La Energía Ciclónica Acumulada llegó a 4,4 hasta el 10 de septiembre, su nivel más bajo para esa fecha desde 1950 (CSU/CIRA & NOAA/Cedida a REUTERS)

Klotzbach afirmó que ese era el valor más bajo para esa fecha desde 1950. El registro mostró que la baja actividad de la temporada no dependía únicamente de la cantidad de sistemas formados.

La tormenta tropical Dolly ilustró el efecto de las condiciones atmosféricas. El sistema se formó el 27 de agosto y duró menos de 24 horas antes de desintegrarse.

La tormenta tropical Edouard estuvo más cerca de convertirse en huracán. El 1 de septiembre, sus vientos quedaron a 22,5 km/h de esa categoría antes de tocar tierra cerca de la frontera entre Texas y Luisiana.

Inundaciones y récord de lluvia por Edouard y Arthur

Al tocar tierra, Edouard dejó de recibir energía de las aguas cálidas del golfo de México. Días después, el sistema provocó inundaciones repentinas y rescates en el este de Texas.

CNN informó que al norte de Beaumont se acumularon más de 50,8 cm de lluvia. En algunos sectores, cayó en una hora una cantidad equivalente a la precipitación habitual de un mes.

Los remanentes de Arthur también dejaron consecuencias graves en Luisiana. En Cottonport se registraron 73,8 cm de lluvia en 24 horas, una cifra que superó el récord estatal de 55,9 cm, vigente desde 1962 y aún pendiente de certificación.

La NOAA advirtió que un inicio tardío de la temporada de huracanes no elimina el riesgo de ciclones de alto impacto cerca de Estados Unidos (REUTERS/Marco Bello)

Polvo sahariano y sequía como factores adicionales

El Niño no fue el único elemento que redujo la actividad tropical. Jhordanne Jones, profesora asistente de la Universidad Estatal de Pensilvania, señaló a USA Today que el aire seco y el polvo del Sahara llegaron al Atlántico al mismo tiempo que disminuía el ascenso de aire asociado con las lluvias.

“Es como una doble supresión”, afirmó Jones al describir la coincidencia de esos factores. La especialista advirtió que esa combinación restringió aún más la formación de tormentas tropicales.

La falta de lluvias también afectó a Puerto Rico. Cerca del 80% del territorio se encontraba bajo condiciones de sequía, de acuerdo con el Monitor de Sequía de Estados Unidos citado por el diario.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos había previsto una temporada inferior al promedio.

Su Centro de Predicción Climática proyectó entre siete y 13 tormentas con nombre, de dos a seis huracanes y de cero a dos sistemas de categoría tres o superior.

CBS News indicó que los episodios de El Niño de intensidad comparable desde 1950 coincidieron con temporadas cercanas o inferiores a la media, pero los antecedentes muestran que un año con baja actividad general puede producir ciclones de alto impacto.

Una captura satelital registra el desarrollo de la tormenta tropical Odalys y el desplazamiento de Fay sobre el océano Atlántico (CIRA/NOAA)

El antecedente de 2022

El caso de 2022 es una de las referencias citadas por USA Today. Ese año, Danielle se convirtió en el primer huracán atlántico el 2 de septiembre, antes de que Fiona e Ian alcanzaran la categoría de huracanes mayores.

El huracán Ian tocó tierra en la costa sudoeste de Florida el 28 de septiembre. Se le atribuyeron al ciclón al menos 156 muertes en Estados Unidos y USD 113.000 millones en daños totales.

La temporada de 1992 también dejó una advertencia. Aunque solo acumuló siete tormentas, el huracán Andrew alcanzó la categoría cinco y golpeó el sur de Florida.

El riesgo no desaparece con un inicio tardío

Matthew Rosencrans, meteorólogo de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, advirtió a la publicación que “grandes pérdidas y tormentas de alto impacto” todavía pueden ocurrir después de un comienzo tardío.

Los sistemas que aparecen avanzada la temporada pueden desarrollarse más cerca de Estados Unidos, en el golfo de México o frente a la costa sureste. En esas áreas, el efecto de la cizalladura asociada a El Niño puede ser menos pronunciado.

La falta de huracanes tampoco impidió inundaciones dañinas por tormentas tropicales. Los episodios de Arthur y Edouard mostraron que un sistema que no alcanza la máxima categoría puede generar lluvias capaces de provocar emergencias locales.