
Cuando recordó el Mundial de Qatar 2022, Manuela Moretta volvió a una escena que todavía le cuesta contar sin emocionarse. Estaba allí, viendo a Lionel Messi campeón del mundo, después de haber salido de Mendoza para buscar otras oportunidades en el periodismo. Su padre ya no estaba. Miró al cielo y le dedicó una palabra: “Llegué”.
En la conversación con Planes Podcast, ese recuerdo reunió dos historias: la de la niña que jugaba a dar las noticias frente a la cámara de su madre y la de la adulta que decidió irse de un lugar donde, según contó, era feliz. La cobertura de una Copa del Mundo había sido un sueño; cumplirlo también la enfrentó con la ausencia de quienes habían acompañado sus primeros pasos.
También recordó los mensajes de mendocinos que se reconocían en su recorrido. Algunos le decían que habían descartado estudiar periodismo por temor a no poder vivir de la profesión y que verla trabajar les abría otra posibilidad. Moretta encontró en esas respuestas un sentido para lo que hacía: además de contar historias, su propia experiencia podía ayudar a alguien a animarse.
Una vocación que empezó frente a la cámara familiar
A los cinco o seis años, la cámara que su mamá usaba para filmar los actos escolares se convertía en un ensayo de noticiero. Ella se ponía delante, saludaba a una audiencia imaginaria y daba las noticias con la seriedad de una conductora de noticiero. Con el tiempo, aquella inclinación por comunicar convivió con dudas más prácticas sobre qué estudiar y de qué trabajar.
Al ver que a sus tíos les iba bien como despachantes de aduana, consideró seguir ese camino. Sus padres le propusieron otro criterio: «Hacé lo que te guste». Investigó ambas opciones y se decidió por el periodismo. Estudió Comunicación Social y luego se especializó en deportes.
Los primeros trabajos la llevaron a la radio y a las noticias. El fútbol le interesó también por las historias de esfuerzo que encontraba en los deportistas. Una cobertura de la Selección Argentina en Mendoza fue parte de ese acercamiento. Una estadía en Chile le permitió conocer medios con estructuras distintas de aquellas en las que había trabajado: hasta entonces, recordó, solía ocuparse ella misma del maquillaje, el peinado y la producción.
La decisión de mudarse a Estados Unidos no nació de una vida que quisiera abandonar por insatisfacción. «Estaba feliz en Mendoza», dijo. Cuando Ortiz le preguntó por qué se había ido, su respuesta fue breve: «Para reinventarme». Los contactos que hizo durante las coberturas abrieron nuevas oportunidades, entre ellas el trabajo con Telemundo para los Juegos Olímpicos y, después, el Mundial de Qatar.
El desconocido del café y una camiseta de Messi
Mucho antes de Qatar, una espera en Mendoza había terminado en una anécdota que Moretta conserva con humor. Cubría a la Selección y llevaba horas aguardando la salida de los jugadores cerca del hotel Diplomatic. Decidió tomar un café en María Antonieta, aunque el precio le resultaba difícil de afrontar con su sueldo de entonces.
Un hombre sentado cerca empezó a preguntarle por las bodegas mendocinas. Conversaron y ella le contó qué hacía allí: «Mi sueño es conocer a Messi». Después pagó su café y el de él. Según recordó, cuando el hombre se enteró del gesto, se despidió con una promesa: “Te debo una”.
De vuelta entre los periodistas, un integrante de seguridad la llamó por su remera roja. Moretta creyó que se refería a otra mujer vestida del mismo color. Cuando entendió que la invitación era para ella, entró con el camarógrafo y reconoció al hombre del café: era Marito, el utilero de la Selección.
A través de él consiguió una camiseta de Messi. Al principio rechazó la posibilidad de que el futbolista la firmara: para ella, recibir la prenda y conservar el recuerdo de aquel encuentro ya tenía un valor especial. La firma llegó un par de años después, durante otra visita de la Selección a Mendoza. “Leo me firmó la camiseta con una Bic”, contó. La lapicera casi no escribía, un detalle que convirtió el recuerdo en una escena menos solemne de lo que podría imaginarse.
De Paul y una manera de construir confianza
El acceso a los jugadores volvió a aparecer en la charla cuando habló de sus coberturas de Inter Miami. Moretta aclaró que la cercanía que muestran las redes no equivale a una relación personal ni a la posibilidad de conseguir entrevistas o camisetas firmadas a pedido. Sobre Rodrigo De Paul, sin embargo, identificó un gesto que influyó en su trabajo: “Yo puedo decir que Rodrigo De Paul me cambió“.
El cambio, explicó, fue en su manera de entender el periodismo. Según relató, después de una entrevista para Marca eligió como titular una declaración en la que De Paul reconocía la importancia del Atlético de Madrid en su camino hacia el título mundial. El jugador se lo agradeció. Para Moretta, esa respuesta mostró cómo una nota podía hacer que un entrevistado se sintiera comprendido y más cómodo con su forma de trabajar.
No describió una amistad ni encuentros privados. Habló de cruces breves, saludos y comentarios sobre una entrevista en medio de la rutina de las coberturas. Esa confianza, sostuvo, se construye al trabajar y también al reconocer que los futbolistas atraviesan frustraciones. Su admiración por Messi incluye justamente eso: aun después de los títulos y los récords, observa que sigue exigiéndose y que una derrota todavía lo afecta.
Al abordar el lugar de las mujeres en el periodismo deportivo, agradeció a las colegas que habían abierto camino. Sobre su experiencia fue precisa: “Jamás me pasó que me desacreditaran”. Sí recordó situaciones en las que una voz masculina más fuerte captaba antes la atención de un jugador en la zona mixta, el espacio donde los periodistas esperan para hacer preguntas. Aprender a intervenir allí fue parte de su recorrido. “Aportamos otra cosa, otro punto de vista”, afirmó.
La independencia y la distancia de casa
Durante la entrevista, Moretta describió una actividad repartida entre distintos medios y proyectos. Contó que escribía historias de personas que la inspiraban para Forbes, hacía radio y participaba de contenidos vinculados con el deporte. La independencia le permite construir un nombre propio, pero también exige sostener el trabajo día a día. En ese contexto resumió el cambio respecto de depender de una gran pantalla o de un medio: “La credibilidad es tuya”.
La mudanza implicó, además, dejar una red cotidiana que en Mendoza estaba al alcance de una llamada. Al hablar de lo que extraña, enumeró a su mamá, su hermano, sus sobrinas, los amigos y el mate compartido. No quiso reducir esa experiencia a ganar o perder. Prefirió hablar de lo que se deja de lado para buscar otra cosa, sin desconocer cuánto duele esa distancia.
Tampoco se reconoce en la idea de haber empezado desde cero. Aunque debió construir vínculos en otro país, se llevó lo aprendido y lo vivido: “Creo que el único día que estamos desde cero es cuando nacemos”. La frase pone un límite a la imagen de una reinvención que borra todo lo anterior. En su relato, el trabajo en Estados Unidos y los grandes escenarios conviven con la falta de esos encuentros familiares que antes eran parte de cada semana.
Al final, Ortiz le preguntó qué le diría a la niña de Mendoza que se paraba frente a una cámara para contar las noticias. Moretta no eligió un balance de logros. Le dejó una invitación a seguir: “Dale Manuela, dale Manuela, vos dale”. El mensaje vuelve sobre la misma niña del comienzo, ahora con la experiencia de quien pudo cumplir un sueño y sabe cuánto tuvo que dejar lejos para hacerlo.
