“Bienvenidos a los Martín Fierro, el que todos quieren y todos critican”, saludó anoche Santiago del Moro, el conductor de la ceremonia de los premios organizada por la Asociación de Periodistas de la Televisión y la Radiofonía Argentinas (APTRA) que emitió Telefe.
El saludo, algo provocador, tal vez haya exagerado un poco el impacto que en la actualidad tienen las estatuillas que durante décadas fueron el momento más destacado del calendario para las industrias televisiva y radial argentinas. Aquella excepcionalidad del festejo formaba parte de su duradero encanto y le daba una pátina dorada que hace un tiempo empezó a desgastarse por algunas razones relacionadas con la crisis de contenidos que sufre la pantalla chica a nivel mundial, pero también a causa de una herida autoinfligida.
Es que en busca de poder mantener Aptra a flote, la marca Martín Fierro se estiró hasta perder su forma. Si bien a la asociación parecen cerrarles las cuentas gracias a las entregas de los premios a la moda, al streaming, al teatro, a las series, la danza y a la ¿producción latina? a las que sumaron su nombre, lo cierto es que este tipo de ceremonias ganan interés y sentido cuando son un bien escaso, un artículo de lujo y no una cita muchas veces repetida. Si hace unas décadas la identidad de los nominados y las especulaciones sobre los posibles ganadores atraían al público por estos días, algo confundidos, muchos se preguntan cuál de los tantos Martín Fierro se entregaron ayer.
Además de la abundancia de estatuillas que Aptra decidió entregar demasiado seguido-el de la moda se repartió hace menos de un mes-, el desconcierto también se alimenta de la programación de la TV abierta, estancada en lo que aparenta ser una de sus etapas más pobres en términos artísticos y creativos. El festejo que solía reservar sus mejores pasajes a reconocer la ficción local ahora, forzada por la escasa producción, apenas llega a armar ternas con ciclos de paso fugaz e impacto mínimo en la pantalla mientras que el espacio vacante lo ocupan categorías anabolizadas como las de panelistas, jurados y reality shows, el monoproducto que marca la agenda de la pantalla chica y por ende de los Martín Fierro. La caída de las cifras de audiencia y la atomización del público, mal generalizado de la TV abierta en todo el mundo, minó inexorablemente la influencia de un premio que precisa del interés de una comunidad de espectadores para mantener su relevancia.
Así, luego del breve y algo confuso discurso de apertura de Luis Ventura, presidente de Aptra, comenzó el reparto de estatuillas con el premio al programa cultural/educativo que quedó en manos del ciclo Tierras, de Telefe, que mantuvo la buena racha con los siguientes premios: Analía Franchín resultó la mejor panelista y luego La peña de Morfi ganó como mejor programa musical. Un triunfo que Lizy Tagliani, una de sus conductoras, aprovechó para hacer su descargo por las acusaciones que Viviana Canosa hizo contra ella el año pasado.
La buena senda continuó para el canal anfitrión -que al final de la noche para sorpresa de nadie resultó el que más estatuillas recibió-, con el Martín Fierro que se llevó el ciclo Por el mundo, de Marley. La catarata de premios llegó en el momento más indicado, en medio de una etapa de fuertes cambios en la emisora, cuyo nuevo dueño, Gustavo Scaglione, debutó anoche en los Martín Fierro, y tras la reciente salida de Darío Turovelzky de la conducción del canal.
La seguidilla de Telefe fue interrumpida por el triunfo en la categoría de Big Show de Otro día perdido, el ciclo nocturno de Eltrece conducido por Mario Pergolini que, como es su costumbre, no asistió a la celebración. No fue el único protagonista de la TV que faltó a la cita: Susana Giménez, Marcelo Tinelli y Juana Viale tampoco estuvieron presentes. La que sí estuvo fue Mirtha Legrand, la más aguerrida defensora de la televisión argentina. “El año que viene voy a ser centenaria y voy a seguir viniendo”, aseguró la conductora que hacia el final de la emisión recibió la estatuilla a la mejor labor periodística femenina.
El minimizado espacio dedicado a la ficción en la ceremonia que históricamente se realizaba los días lunes, ya que era el día en que los actores que tuvieran funciones teatrales podían asistir, se sintió anoche cuando recién hacia la segunda hora de la emisión se entregó la estatuilla al mejor intérprete masculino. El ganador fue Luciano Cáceres por su trabajo en la serie Tafí Viejo: verdor sin tiempo, de Elnueve, que también se quedó con los premios a mejor director (Eduardo Pinto) y mejor ficción. “En esta época que la educación está tan mal considerada le quiero agradecer a mis maestros que me enseñaron todo”, dijo el intérprete, uno de los pocos en hacer alusión a la coyuntura política y social actual. Más tarde, Gimena Accardi se quedó con el premio a la mejor actriz por su papel en la miniserie La voz ausente, producida por Disney+, que luego de su paso por el streaming se emitió por Eltrece.
Por el lado de los noticieros, en su versión diurna el ganador fue Telenueve al mediodía (Elnueve) mientras que Telefe Noticias se quedó con la estatuilla al mejor informativo en horario central. El premio a la labor periodística masculina quedó en manos de Rolando Graña por su trabajo en América noticias y GPS–América. En el rubro de mejor periodístico el ganador resultó Opinión pública (Elnueve), con la conducción de Romina Manguel.
Todo tiempo pasado
“Fuerte el aplauso para LAM, chicos, vamos”, pedía, casi rogaba Del Moro a los invitados en el salón del Hilton que, como siempre, apenas le prestaban atención a lo que sucedía sobre el escenario. Más allá de las exclamaciones de los integrantes del programa pocos parecían enterarse de que el ciclo de América acababa de ganar la categoría de Interés general. Un desinterés que se extendió a casi todos los rubros repartidos en la ceremonia y que las cámaras captaron en detalle. Cuando todo cambia en los premios de Aptra lamentablemente esa mala costumbre permanece. Los pocos chispazos de interés entre los presentes en la fiesta aparecieron al tiempo del triunfo de MasterChef (Telefe) como mejor reality y, sobre todo, durante el merecido homenaje a Enrique Macaya Márquez, “leyenda viva” del periodismo deportivo. La emoción de ese pasaje como la del segmento dedicado a los artistas que ya no están, recordó a otras y mejores épocas de la TV y de los premios que la celebran.
Entre los premios más esperados de la noche, el de mejor programa de entretenimientos fue para Buenas noches familia (Eltrece), con Guido Kaczka, que luego se llevó la estatuilla a mejor conductor, un reconocimiento que anticipó el momento de cierre de la ceremonia cuando Kaczka resultó el ganador del premio más codiciado de la noche: el Martín Fierro de Oro.
