Milei dio un discurso en homenaje a San Martín: “Hay algunos que quieren volver al pasado”

Milei dio un discurso en homenaje a San Martín: “Hay algunos que quieren volver al pasado”
Milei dio un discurso en homenaje a San Martín: “Hay algunos que quieren volver al pasado”

El presidente Javier Milei encabezó este lunes el acto central en homenaje al general José de San Martín, al cumplirse el 176° aniversario de su paso a la inmortalidad. La ceremonia se realizó en el Monumento al Libertador, ubicado en frente a la Cancillería, en Retiro.

Durante la ceremonia el mandatario estuvo acompañado por su gabinete y por el jefe de gobierno porteño, Jorge Macri. Al comienzo, Milei y Macri pusieron una ofrenda floral tras la entonación del himno interpretado por el regimiento de Granaderos.

“Hoy estamos reunidos una vez más como cada 17 de agosto para conmemorar el paso a la inmortalidad de San Martin. Fue quien nos liberó del yugo español y dio lugar a nuestra declaración de independencia. Nos ha dejado un legado inmortal encarnado en una frase: ‘Seamos libres que los demás no importa nada’”, empezó el Presidente durante el acto.

A lo largo de la mayor parte de su discurso Milei hizo énfasis en el significado de la libertad y el legado del libertador de la patria.

La verdadera medida de un libertador no está cuando toma las armas sino cuando las suelta. San Martín murió ignorado por el pueblo que había liberado. La libertad es un derecho natural pero también una conquista”, explicó.

Sostuvo que varias de las libertades logradas por San Martín se “fueron perdiendo”.

“Fuimos perdiendo nuestra libertad para comerciar, fuimos perdiendo nuestra libertad para emprender, fuimos perdiendo nuestra libertad para soñar con un futuro mejor, fuimos perdiendo nuestra libertad también para criticar a quienes suprimían nuestras libertades. Y estas libertades fueron perdidas en nombre de ampliar un Estado gigante”, señaló.

El presidente Milei encabezó el acto por el paso a la inmortalidad de José de San Martín

En esa línea, reivindicó la batalla cultural para enfrentar “a quienes quieren someternos” y consideró que la Argentina necesita “unas Fuerzas Armadas bien equipadas”. También se enfocó en tener mejores policías. “Algunos eligen el camino del mal y deben ser sometidos por la fuerza”, sostuvo.

En otro tramo pasó al plano político: “Argentina puede ser el país más libre del mundo. Es un camino arduo. Pero algunos quieren volver al pasado en el que vivíamos porque si bien la mayoría se empobreció con el gobierno anterior una minoría se benefició enormemente”, indicó. “Pero no hay un pasado al que volver”, afirmó.

Milei llamó a honrar la memoria de San Martín defendiendo la libertad

Milei también apuntó contra los “enemigos externos e internos” de la libertad.

“Nos encontramos en un mundo cada vez más complejo e incierto, en donde las distintas potencias recurren a herramientas cada vez más sofisticadas para hacer valer sus intereses. Por eso, hoy tenemos el desafío de retomar la protección de nuestras fronteras, de elegir bien nuestras alianzas geopolíticas, de luchar contra todas las formas de terrorismo y de pararnos siempre del lado de la democracia”, expresó.

El Presidente Milei encabeza el 176° aniversario del paso a la inmortalidad del General San Martín.

En el cierre de la disertación, Milei clamó por seguir el camino del padre de la Patria. “Hoy tenemos la libertad como mandato. Todo nuestro esfuerzo es preservar el mayor legado de San Martin: un patria libre y pueblo floreciente. No hay mejor forma de honrar su memoria que convertirnos en el mejor país que podemos ser”.

Y concluyó: “Viva San Martín. Viva la Argentina. Que las fuerzas del cielo nos acompañan. Viva la libertad carajo”.

Discurso completo

Buenas tardes a todos. Quiero extender un saludo a los ministros del Gabinete Nacional, a los ministros del Gabinete de la Ciudad de Buenos Aires, a los jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y a los jefes de las Fuerzas de Seguridad.

Hoy estamos reunidos una vez más, como cada 17 de agosto, para conmemorar el paso a la inmortalidad del padre de nuestra patria, el General José de San Martín. Su lugar en nuestra historia no podría ser más alto, pues fue quien nos liberó del yugo español fue su compromiso con defender nuestra libertad hasta la muerte de aquellos que no querían reconocerla, lo que dio lugar a nuestra declaración de independencia y también, por sobre todas las cosas, nos dejó un legado inmortal encarnado en una frase que es una obligación para todos nosotros: seamos libres, que lo demás no importa nada.

Independencia sin libertad era vacía, pues no implicaba otra cosa más que cambiar un tirano español por un criollo. Su gesta, su esfuerzo y su sacrificio encerraban esta consigna poderosa: le demandaban también a las entonces Provincias Unidas del Río de la Plata darse a sí mismas una Constitución que preserve y aumente la libertad.

Así, la grandeza de San Martín puede observarse tanto en su valentía a la hora de tomar las armas por una causa justa y liberar a medio continente, como en su magnanimidad a la hora de dejarle lugar al pueblo para elegir su propio gobierno. Él no tenía un afán de poder vacío, sino que tenía una visión inalterable de libertad y justicia, porque la verdadera medida de un libertador no está en cuando toma las armas, sino en cuando las suelta. Pero la historia de San Martín también nos enseña a otros costados, no tan raso, no, ya de él, sino de su mismo pueblo. San Martín murió ignorado por el país al que le dio todo. No tuvo un gobierno que lo homenajeara en vida, sino que tan solo tuvo el silencio. Recién décadas después, la Argentina aprendió a hacerle justicia a su nombre. Eso debería interpelarnos hoy. ¿Cuántas veces como nación tratamos con indiferencia a quienes más nos dieron para recién honrarlos cuando ya no pueden escucharnos? Y por demasiado tiempo la Argentina olvidó la demanda de la libertad y dio por sentado aquello por lo que luchó nuestro General, y esto tuvo como resultado que, a poco a poco, la hayamos ido perdiendo.

Fuimos perdiendo nuestra libertad para comerciar, fuimos perdiendo nuestra libertad para emprender, fuimos perdiendo nuestra libertad para soñar con un futuro mejor, fuimos perdiendo nuestra libertad también para criticar a quienes suprimían nuestras libertades. Y estas libertades fueron perdidas en nombre de ampliar un Estado gigante porque, como nos enseñaron los triunfos de San Martín en San Lorenzo, Chacabuco y Maipú, aunque la libertad sea un derecho natural, es también una conquista sobre aquellos que luchan por oprimirnos. Esto está encarnado en la máxima: el precio de la libertad es la eterna vigilancia, y haberla desoído nos ha costado demasiado caro por demasiado tiempo, porque la libertad no es el estado natural de las sociedades. Es más fácil fijar un precio que dejarlo libre, es más fácil cerrar el comercio que abrirlo, es más fácil poner regulaciones que desarmarlas.

La historia nos muestra, una y otra vez, que la libertad no es el punto de reposo de los gobiernos: es la excepción que hay que defender todos los días contra la tendencia natural de todo poder a expandirse. La libertad es un derecho, pero debe ser conquistada y defendida de quienes se oponen a él. Los enemigos de la libertad existen y no descansan, por la ambición de extinguir la libertad ajena paga dividendos altísimos. Quien consigue el poder sobre otro también consigue dinero y privilegios que no podía haber conseguido por sus propios medios. Por eso, nunca faltarán quienes quieran romper el delicado tejido de la libertad, por fuera o por dentro de la ley común.

Así, la libertad de la patria es, en otras palabras, producto de un esfuerzo constante y consciente que debe ser preservado generación tras generación. La libertad es un legado de nuestros padres, pero también es una responsabilidad y una herencia que debemos, en la misma medida, dejarle intacta a nuestros hijos. Y hoy nos vemos de nuevo en una encrucijada, con nuevos desafíos para preservar este legado y expandirlo. Hoy la libertad se enfrenta a un nuevo conjunto de enemigos, tanto internos como externos. Por un lado, nos encontramos en un mundo cada vez más complejo e incierto, en donde las distintas potencias recurren a herramientas cada vez más sofisticadas para hacer valer sus intereses. Por demasiado tiempo, el instrumento militar de nuestro país, encargado de hacerle frente a estas amenazas externas contra nuestras libertades, fue demonizado y desfinanciado.

Nosotros entendemos que este camino fue equivocado y que, para poder pararnos firmemente en el concierto de las naciones y defender nuestros intereses, necesitamos unas Fuerzas Armadas equipadas y bien formadas. Por eso, hoy tenemos el desafío de retomar la protección de nuestras fronteras, de elegir bien nuestras alianzas geopolíticas, de luchar contra todas las formas de terrorismo y de pararnos siempre del lado de la democracia. Todo esto es también defender nuestra libertad. Pero también, internamente, la libertad para sobrevivir requiere de un pueblo próspero y pujante, pues los intentos de los tiranos de turno de sofocar la llama de la libertad siempre se apoyan en el descontento y la pobreza para romper con el orden. Porque, si la libertad no muestra sus frutos, que son el bienestar y la prosperidad económica, la ciudadanía se olvida de su valor.

Así, nuestra misión hoy es también proveer a nuestra ciudadanía de la estabilidad y el crecimiento necesario para planificar su vida personal y familiar. Y también debemos dar la batalla cultural para explicar, una y otra vez, cómo esta prosperidad está basada y depende de los valores que nos hicieron grandes. Porque quienes quieren someternos comienzan por atacar nuestras ideas, nuestras creencias y nuestros valores. Ellos nos quieren hacer creer que el pecado es justo y la justicia es pecado, y que el robo está justificado si es por un supuesto bien superior, sea este la necesidad económica del pobre o la necesidad fiscal del

Estado. Por todo esto, defender la libertad que nos legó nuestro general también es defender nuestras ideas y nuestros valores contra aquellos que intentan socavarlos.

Y un pueblo libre también requiere de fuerzas de seguridad capacitadas y provistas de las herramientas necesarias para proteger lo más preciado que tenemos, pues el mal existe quienes eligen ese camino deben ser sometidos por la fuerza. Por eso, para protegernos contra estas enfermedades del alma, debemos tener a policías capaces, entrenados y vigilantes que defiendan a los ciudadanos honestos de quienes quieren romper la ley. Pues el ladrón es también un tirano del prójimo y defender la libertad de Argentina es oponerse con toda la fuerza pública a los criminales. En definitiva, la gesta sanmartiniana es una fuente permanente de inspiración para todo mi gobierno. Nuestra misión no es otra que ir más allá de lo que todos creían posible y revivir la llama de la libertad de nuestra nación cuando todos la creían extinta. Así, vamos a dar la batalla por la libertad allá donde sea necesario, sin importar el costo, porque eso es lo que el país hoy necesita: libertad, crecimiento, orden y prosperidad, y un gobierno comprometido con defender estos principios, aun cuando todo el mundo se oponga a ellos, porque son verdaderos y son la única forma de hacer a nuestra nación grande nuevamente. Y aún quedan fronteras por cruzar, porque Argentina todavía no es el país más libre del mundo, pero sí puede serlo. Sabemos que este camino es arduo y también sabemos que hay algunos que quieren que vuelva el pasado en el que vivíamos, porque, si bien la mayoría se empobreció con el modelo anterior, una mínima minoría se benefició enormemente. Pero creemos que, cuando la voluntad es firme y la dirección es clara, no hay más opción que seguir adelante, porque hoy no tenemos un pasado al que regresar, porque ya sabemos a dónde nos conduce. Hoy tenemos que tener a la libertad como mandato entre ceja y ceja y seguir el camino que nuestro padre fundador nos dejó trazado en la arena y que protegió con la sangre de sus granaderos a caballo. Por eso, todo nuestro esfuerzo debe ir a preservar, en todos los frentes, el mayor legado del general San Martín: una patria libre y un pueblo creciente. No hay mejor forma de honrar su memoria que convertirnos en el mejor país que podemos ser.

Hoy, más que nunca, ¡que viva el General San Martín! ¡Que viva la Argentina! Que las fuerzas del cielo nos acompañen. ¡Y viva la libertad, carajo! Muchas gracias.