
Samuel “Chiche” Gelblung murió este miércoles 9 de septiembre, según confirmó el medio Crónica TV a las 7.30. El reconocido periodista, de 82 años, se encontraba en terapia intensiva en el sanatorio porteño de Los Arcos tras haber sido internado de urgencia a comienzos de esta semana por problemas respiratorios.
Hasta el momento no trascendieron detalles sobre el tratamiento que estaba recibiendo, aunque desde su entorno explicaron que había sido internado inicialmente en el Sanatorio Mater Dei (luego fue trasladado a Los Arcos) “por un problema respiratorio” que se desprendía de su patología de base y habían aclarado que no se trataba de una complicación nueva. Incluso contaron que hasta el día anterior el periodista se encontraba trabajando con normalidad y “armando un nuevo programa de streaming”.
Su muerte se produjo en medio de un año especialmente delicado para su salud, que en los últimos meses atravesó distintas complicaciones.
En abril el conductor sufrió una caída en su casa que le ocasionó una herida en la cara. El 20 de ese mes le colocaron dos stents tras una descompensación. Luego de esa intervención, permaneció tres días internado en el Sanatorio Los Arcos. Después fue dado de alta y regresó a su trabajo, tanto en Hola Chiche, por Radio del Plata AM 1030, como en Chiche en vivo, por Net TV.
En junio estuvo casi un mes en terapia intensiva y debió afrontar una larga recuperación luego de sufrir una trombosis en el tobillo.
“Estoy muy bien. Estuve dos o tres días internado porque estaba medio flojito”, explicó en ese momento al periodista Ángel de Brito en LAM. También habló de los consejos de los profesionales. “Siempre recomiendan reposo y trabajar lo menos posible, pero yo trabajo igual. Estoy bien, ahora solo estoy disfónico, nada más”, dijo.
Anteriormente, en octubre de 2024, Gelblung había ingresado al Sanatorio Mater Dei por un cuadro febril.
Un año antes, al conductor lo habían internado de urgencia en ese mismo sanatorio médico, pero en aquella oportunidad fue por una insuficiencia renal provocada por la utilización prolongada de los antiinflamatorios que tomaba para el dolor de cadera. No obstante, tras unos días de análisis y chequeos, fue dado de alta.
La carrera de Chiche Gelblung
Nacido el 7 de febrero de 1944 en Villa Devoto, Gelblung tuvo una larga carrera como conductor de radio y televisión y supo desarrollarse también en la fotografía y como corresponsal de guerra. Con una larga trayectoria llena de hitos, polémicas y logros, logró consagrarse por su estilo único y directo.
Creció en un hogar que tuvo antepasados militantes del Partido Comunista Argentino. A los 19 años, se camufló entre un grupo de dirigentes radicales y pasó dos horas sin que nadie se diera cuenta junto al expresidente Arturo Illia, en la casa de su hermano. Tras el derrocamiento del exmandatario en 1966, ingresó a la revista Gente.
“Fui creciendo profesionalmente, cubrí Vietnam y la guerra civil de Nigeria. Al cuarto año de estar en Gente me ascendieron. Y terminé como director de la revista”, le contó a LA NACION en 1998. Fue director de la revista entre 1976 y 1978, durante la última dictadura cívico militar.
Además de Gente y La Semana, escribió en Ámbito Financiero y fue director de un diario en Córdoba. Estuvo unos años radicado en España durante la década del 80 y cuando regresó armó una editorial para la distribución y venta de libros en fascículos destinados a diarios del interior.
Cuando dejó en la década de 1990 su carrera en el periodismo gráfico para convertirse de allí y para siempre en una figura clave de la televisión y de la radio, Gelblung renunció para siempre a su nombre de pila y lo reemplazó por el apodo con el que todo el mundo lo identificó: “Chiche”.
Desembarcó en la pantalla chica en 1994 con el programa Memoria. Fue el primero en presentar y exponer cada tema a través de “informes” de marcado tono efectista en las imágenes, una voz en off llena de palabras sensacionalistas y preguntas inquietantes, más una abundancia de graphs y textos en la base de la pantalla reforzando la idea.
También condujo Las 12 y Chiche, un fallido intento de recrear en la TV el clima de una redacción ocupada únicamente por mujeres. Y Titanic, con la escenografía de la cubierta inclinada de un barco que para el conductor simbolizaba el estado de la Argentina en ese momento (2002).
A su vez, protagonizó varias polémicas. Mantuvo al aire diálogos telefónicos con confesos delincuentes, algunos de ellos registrados en resonantes casos policiales con tomas de rehenes. Uno de ellos terminó de la peor manera (el episodio conocido como la masacre de Ramallo, en septiembre de 1999, con un saldo de tres muertos) y a Gelblung se le reprochó durante mucho tiempo el abordaje de este tema frente a las cámaras.
Quería contar la realidad desde los márgenes o estimular desde el morbo, la provocación o los detalles más extravagantes algunos de los temas más sensibles para la opinión pública. Una vez mostró casi con ánimo promocional un auto lanzallamas fabricado en Sudáfrica que lograba en cuestión de segundos prender fuego a un eventual asaltante “sin dañar la pintura del coche”. En otra ocasión se animó a hacer la “autopsia del chorizo” con el propósito de demostrar cómo estaba hecho.
Años después, Gelblung debió afrontar en 2014 un fallo en su contra que lo condenó a pagar una suma millonaria por la emisión de un informe que representaba a Evangelina Salazar, esposa de Palito Ortega, como alcohólica y depresiva.
Desde su llegada a la tele, el periodista pasó por varios canales y por unos cuantos horarios. Hasta llegó a conducir fugazmente un informativo al mediodía, tarea que más tarde, en la etapa final de su vida profesional, encaró en más de una señal de cable.
Llegó a ocupar un espacio en la mesa de Polémica en el bar, ciclo que lo tuvo como integrante en varias temporadas. Allí protagonizó su última gran pelea mediática en tiempos de pandemia, defendiendo el derecho a una cuarentena menos rigurosa.
Luego condujo un programa de historias de vida (De dónde vengo) y un magazine de salud, que en su momento también llegó a la TV abierta (La vida es bella). Tuvo una etapa en Canal 26 y otra en Crónica TV, señal en la que conducía un segmento vespertino diario de información y debates. Allí, hace unos años, llegó a entrevistar a Cristina Kirchner y preguntarle sin vueltas sobre relaciones amorosas. También entrevistó al actual presidente, Javier Milei.
Sobre todo entre 2004 y 2010, Gelblung tuvo un lugar de alta exposición en la radio, medio en el que trabajó hasta el final de sus días. Su voz aparecía todos los días en los horarios de mayor audiencia y en las emisoras más escuchadas, como Mitre y Radio 10.
A lo largo de su carrera, Chiche fue reconocido con varios galardones, entre los que se encuentran el Premio Martín Fierro a Mejor Programa Periodístico en Radio y Mejor Labor Periodística Masculina en Radio, el Premio Konex a Comunicación y Periodismo: Conductor radial, y Premio Martín Fierro a Mejor Panelista de Televisión.
Estaba casado con Cristina Seoane desde hace 49 años. El matrimonio tuvo tres hijos —Federico, María y Maggie— y siete nietos.
En julio “Chiche” Gelblung brindó una entrevista a LA NACION en la que habló de su carrera, el periodismo, la política y abordó temas como la muerte.
—A la muerte no le tengo miedo, no me asusta y no se encuentra entre mis proyectos. Además, con mi trabajo la desafié muchas veces.
—Trabajar en estas condiciones es parte de mi terapia. Si no puedo trabajar, me enfermo; no puedo evitarlo, aunque lo que me motiva no es solo el trabajo.
—Siempre era mejor trabajar durante los gobiernos democráticos, pero nos puteaba todo el mundo. Me pusieron tres bombas en mi casa; eso demuestra que no dejaba conforme a todo el mundo. La primera bomba fue de los Montoneros, la segunda me la puso la Triple A y la tercera vino de parte de la Armada. Nos decían que hacíamos “la revista del Proceso”; sin embargo, teníamos unos quilombos (sic) bárbaros con los militares.
—El periodismo no puede ser diferente a la sociedad y la sociedad está muy complicada. El periodismo no se puede escapar de la realidad argentina. El país es un quilomb… y el periodismo es un quilomb… Si se tiene un presidente como Milei, que dice lo que dice y se pelea como se pelea, no estamos muy normales, porque, además, lo bancamos; es un tipo demente, dice cosas que no se pueden decir, pero es el presidente que la gente votó.
