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Por Mauro Yasprizza
Newell’s mostró carácter, pero volvió a fallar cuando debía cerrar el partido
Newell’s pasó en pocos minutos de la ilusión de una gran victoria a la bronca por un empate que dejó gusto a poco. La Lepra igualó 2-2 con Boca en el Coloso Marcelo Bielsa después de remontar el resultado, ponerse en ventaja y no saber sostenerla en el tramo final.
El equipo de Frank Kudelka tuvo una reacción valiosa. Jugó un segundo tiempo mucho más decidido, encontró los goles de Matías Cóccaro y Luca Regiardo y durante un buen rato hizo creer que podía quedarse con una victoria importante. Sin embargo, cuando el partido pedía calma, firmeza y atención, Newell’s retrocedió demasiado y le permitió crecer a Boca.
Ese fue su principal pecado. Después del 2-1 dejó de jugar con la misma decisión. Se acercó demasiado a su arco, perdió presencia en la mitad de la cancha y comenzó a defender cada vez más cerca de Josué Reinatti. Ante un rival con jerarquía, regalar metros suele pagarse caro.
Boca había sido superior durante buena parte del primer tiempo. Miguel Merentiel avisó con un remate en el travesaño y, a los 29 minutos, Ascacíbar apareció libre dentro del área para marcar de cabeza el 1-0. La jugada volvió a exponer una falla conocida del conjunto rojinegro: la desconcentración defensiva y la facilidad con la que los rivales encuentran espacios en su área.
Hasta el descanso, Newell’s tuvo la pelota por momentos, pero le faltó profundidad. Avanzó más por empuje que por claridad. Facundo Guch intentó darle juego al equipo, aunque la Lepra volvió a padecer una dificultad que arrastra desde hace tiempo: llega hasta las inmediaciones del área, pero le cuesta terminar bien las jugadas.
Todo cambió en el complemento. A los cinco minutos, Cóccaro apareció en el área y convirtió el empate. Ocho minutos después, Regiardo sacó un gran remate para dar vuelta el encuentro y provocar la explosión del Coloso. En una ráfaga, Newell’s pasó de estar abajo a quedar al frente.
Fue el mejor momento del equipo. Hubo intensidad, decisión y una conexión con la gente que hacía tiempo no se veía. Regiardo jugó con personalidad, Cóccaro peleó cada pelota y Guch aportó movilidad. Durante varios minutos, Newell’s mostró la rebeldía que tantas veces se le reclama.
Pero después apareció el miedo a ganar.
Kudelka movió el banco y el equipo fue perdiendo salida. La Lepra se dedicó a resistir, acumuló jugadores cerca de su área y prácticamente renunció a buscar el tercero. Boca avanzó, ganó terreno y comenzó a rodear el arco rojinegro.
Alan Velasco aprovechó una defensa mal parada y marcó el 2-2. El empate fue un premio para la insistencia de Boca, pero también un castigo para un Newell’s que decidió cuidar la ventaja demasiado pronto.
Incluso después de la igualdad, el visitante estuvo más cerca. Tomás Aranda estrelló un remate en el palo y la Lepra terminó defendiendo un punto que, pocos minutos antes, parecía insuficiente.
El empate deja dos lecturas. La positiva es que Newell’s pudo reaccionar ante un rival de peso, convirtió dos goles y mostró buenos pasajes de fútbol. La preocupante es que todavía resulta frágil, no sabe manejar los momentos decisivos y suele refugiarse demasiado cuando consigue una ventaja.
También quedó la polémica por una mano de Lautaro Di Lollo dentro del área de Boca. Newell’s reclamó penal, pero Andrés Merlos no sancionó la infracción ni fue convocado para revisar la acción. En una jugada discutible y determinante, el árbitro al menos podría haber observado nuevamente la maniobra.
Newell’s mejoró respecto de actuaciones anteriores, pero todavía no alcanza. El fútbol no solamente exige reaccionar: también obliga a saber cerrar los partidos. La Lepra estuvo cerca de una victoria que podía cambiar el ánimo del equipo y de su gente, pero terminó dejando escapar dos puntos por sus propias limitaciones.
No fue una mala tarde, aunque tampoco fue una buena noticia completa. Newell’s dio señales de vida, mostró orgullo y por momentos jugó como pide su historia. Ahora deberá aprender algo elemental: cuando tiene a un rival contra las cuerdas, no puede dejarlo escapar.
