Nicolás Reinoso, ingeniero agrónomo: “Los vínculos se descartan porque tenemos la sensación de que las opciones son infinitas”

Nicolás Reinoso, ingeniero agrónomo: “Los vínculos se descartan porque tenemos la sensación de que las opciones son infinitas”
Nicolás Reinoso, ingeniero agrónomo: “Los vínculos se descartan porque tenemos la sensación de que las opciones son infinitas”

Autor del libro El amor no duele, el ego sí, Nicolás Reinoso es ingeniero agrónomo, con un MBA y programas en el MIT y Cornell.

Vive en Estados Unidos, pero viaja muy seguido a la Argentina para conectar con sus raíces. Se define como un nerd con toda una vida dedicada a la agricultura e innovación. Sin embargo, su tono y forma de expresarse no tienen nada que ver con la lógica estructurada de quien cursó una carrera de ciencia dura.

Trabajó durante 20 años en el mundo corporativo y hoy recorre el mundo dando charlas sobre innovación en el campo pero también escribe sobre vínculos, ego y el trabajo silencioso de encontrarse con otro sin armadura.

Estudioso de la filosofía budista desde hace años y conductor del podcast Entrevistas con la mente, Reinoso es un explorador curioso de cómo la mente se interpone entre nosotros y lo que estamos viviendo realmente: el amor, la felicidad y la plenitud.

Poco antes de la pandemia, una crisis personal que se reflejaba en un estado de enojo permanente lo obligó a parar y a conectar con el budismo en el que había profundizado leyendo libros relacionados. Luego, en 2022, viajó a la India a realizar solo el camino de Buda, recorriendo desde donde nació Siddhartha, en Lumbini en el suroeste de Nepal, hasta donde se iluminó en Bodh Gaya y alcanzó el paranirvana (Kushinagar), lo que nosotros llamamos muerte. “Son lugares muy sagrados”, describe.

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—¿Cómo fue este despertar espiritual?

—Fue en enero de 2020, antes de la pandemia. Estaba muy desorientado, cero identificado con nada y con nadie y enojado, ¿viste? Muy pasional argentino clásico. Un día me levanté y vi todo con una calma impresionante, unos colores brillantes impresionantes y dije, ¿qué es esto? Nunca había sentido semejante sensación en mi vida. Por eso me puse a investigar y me dije: “yo quiero más de esto”.

—¿Y hoy cómo lo explicás?

—Tenemos dos dimensiones dentro de nuestra mente, una es la conciencia plena y otra es la condicionada que se construyó a partir de todo lo vivido desde que naciste, el colegio, la educación, tus padres, tus amigos, el club, el deporte, el trabajo. Todo lo que te fue moldeando y terminó definiendo lo que hoy es tu personalidad. Uno nace en conciencia plena, nadie juzga, nadie evalúa. Los perros o mascotas, por ejemplo, no tienen desarrollada esa dimensión de la mente condicionada: simplemente te ve y mueve la cola de alegría por más de que lo hayas retado hace cinco minutos. Esa mañana experimenté vivir en conciencia plena, liviano, sin cargas, sin estrés, sin preocupación. Fueron cuatro horas muy centrado en el presente, sin ruidos mentales, y cuando pasó dije quiero entender de dónde viene esto y empecé a leer sobre muchas corrientes que me llevaron al budismo y a encontrar ahí, una identificación con las enseñanzas y sus sistemas de creencias.

—Hablás de un cambio… ¿qué valorizás tras esa experiencia?

—Haber cuestionado todo, desde lo positivo, me hizo curiosear y desarrollar mucho la escucha y no hablo de oír sino de darte la posibilidad de escuchar algo que nunca escuchaste. Desarrollar la empatía. Darse ese espacio en lo que llamamos experiencia de vida.

—Y ¿cómo llegás a escribir El amor no duele, el ego sí?

—No sé si hubo un momento que dije “voy a escribir un llibro”. Pero siempre leí mucho, escuché mucho y escribí mucho. Hablo en mi podcast sobre el amor y otros conceptos, como la plenitud y la felicidad, pero también de mis propias experiencias (no estoy exento de nada de esto).

Pero un día en las redes, escuchaba conceptos que no compartía como por ejemplo que el amor te tiene que doler, que hay que sufrir, etc.. y no es así. Lo que duele es el ego. Así surgió el título y comencé a trabajar en el libro con mi mirada muy desde el budismo, pero también busqué criterios de especialistas o psicólogos, antropólogos, sociólogos, científicos o filósofos para darle un mayor sustento. Con el libro lo que busco es despertar una forma de pensar y encarar vínculos de una forma diferente en un momento en que la gente se pregunta “¿qué está pasando con los vínculos?”

“El amor no duele: lo que duele es el ego”, una de las ideas centrales del libro de Reinoso

—¿Cómo es eso de que el ego es el que duele?

—No hablo de egocentrismo sino de la mente egotista o la condicionada, una de las dimensiones que hablamos antes. Cuando uno no trabaja en uno mismo, juzga al otro de acuerdo a las experiencias que lo formaron. La personalidad es el resultado de vivencias, creencias buenas y malas. Esas experiencias de vida son las que te van dando la perspectiva y que hacen que una persona juzgue y tome decisiones acordes. Y cuando no se trabaja eso, o cuando uno no es consciente de que sucede, uno se vincula desde ese lugar en forma inconsciente y, por ejemplo, por el miedo de no querer vivir una experiencia negativa, se aleja de alguien que vale la pena porque tal vez una palabra o un gesto te tocó una herida emocional. Es esa mente condicionada la que juzga. Por eso trabajarlo, entender cómo funcionan los procesos mentales, te permite ir sacándote las remeras mojadas que fuiste sumando en tu vida, y que hoy te pesan.

—¿Cómo se logra?

—Hay que entender que las situaciones que sucedieron fueron eso, situaciones que no tienen nada que ver con lo que vas a vivir mañana ni con lo que vivís hoy. De esa forma te volvés más consciente. El trabajo del ego, de la mente egotista, es que todos como seres humanos necesitamos encajar o queremos pertenecer a algún lugar, lo que nos termina sacando de nuestro propio eje. Todo te condiciona (en el buen o malo sentido): una charla, el consejo de una amiga, el comentario de un compañero de trabajo.

—En el libro hablás de amar desde la experiencia, ¿qué significa?

—Muchas veces se descarta una relación antes de siquiera verse por un chat porque sentiste una red flag. Ahí te habla tu ego. Entonces, lo que yo invito es a vivir la experiencia, a evitar que todo ese ruido anule una experiencia buena que estás viviendo y disfrutarla porque, además, es un ejercicio muy bueno para uno. Hay que evitar ese ruido interno que te dice que hay más opciones porque pasan los años y seguimos solos. El ego es un mecanismo de defensa porque es el resultado de las salidas emocionales de la persona.

—Hablemos del amor y el control…

—Cuando la gente se cruza con alguien que le gusta, automáticamente existe un riesgo de transformarse en obsesiva y en posesiva y eso aleja. Te sentís bien, andá a lo simple, disfrutalo. No hay que dejar de confiar en lo que sentimos.

—¿Creés en el amor para toda la vida?

—Puede existir pero tiene que haber un trabajo muy grande de uno con uno mismo. El amor romántico es la unión de dos enteros, de dos personas independientes pero interdependientes entre sí, que se acompañan, que celebran obviamente los logros de los demás. Para mí que la mujer con la que tengo un vínculo pueda llegar a la plenitud es el cielo, y haría todo lo que tengo a mi alcance para generar el contexto que permita que ella lo logre. No obstante, como lo hablamos, no depende de mí… sino de su trabajo interno también.

—¿Por qué?

—Porque si está plena, porque si es feliz… voy a recibir el amor y todo lo que ese estado desborda de ella.

—¿Cómo atravesar las decepciones con las que se encuentra en la construcción de un vínculo?

—Con la comunicación. Si uno habla con madurez y bien y comparte esa incomodidad, el otro autorregulará esa diferencia. Pero debe haber ese espacio, con respeto y apertura, empatía. Y eso normalmente es reflejo de una madurez emocional importante.

—¿Cómo soltás el apego?

—El budismo es fantástico para eso. Todos lo tenemos. Para explicarlo, hay dos tipos, un apego normal, un deseo, al que vamos a llamarlo aceptable y otro obsesivo que es el negativo que no viene del deseo sino desde la necesidad. Cuando uno está bien con uno mismo se “gana el derecho” de elegir bien con quién quiere estar. Cuando uno termina una relación, es típico escuchar a la gente decir “soltá”. Una frase hecha. Ahora bien, la gente entiende por soltar, olvidar y no es así. Desapegarte no es olvidar, es vivir con eso en paz, en armonía. Entonces, hay que aprender a entender que el pasado es lo que pasó, como te comentaba antes es parte de nuestra personalidad, y no se puede hacer nada al respecto. Hay que evitar vivir atrapado en los tiempos psicológicos, preso del pasado y en sueño por un futuro incierto.

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—¿Por qué creés que vivimos en un mundo tan desconectado?

—Hay dos temas, uno externo y otro, interno. El primero está relacionado con idealizar un amor romántico, pensar que hay príncipes y princesas que vienen con una historia color de rosas. El otro es la idealización que genera expectativas incentivadas, por ejemplo, por las redes, parejas perfectas… No hay que creer que el otro te viene a completar. La única o el único responsable de completarse es uno mismo.

—¿Las apps juegan en contra?

—En el libro lo explico bastante a esto. Por un lado tienen una parte muy positiva que es que se puede cruzar gente que de otra manera no se hubiera conocido, pero al mismo tiempo hay una sensación de que las opciones son infinitas, lo que muchas veces genera que se descarten vínculos por pequeñas cosas. La sensación es, total hay más. Ese es un círculo vicioso del que la persona le cuesta salir. Entonces si a eso le sumás toda tu historia, tus dolores, tus experiencias pasadas.

—¿Las mujeres hoy desconciertan a los hombres?

—El cambio de la independencia que se está generando en las mujeres -que celebro- generó que el hombre no sepa cómo lidiar con esta situación o lo que una mujer independiente demanda. Antes nos relacionábamos por roles y estaban muy claros los del hombre y los de la mujer. Hoy cambió y atravesamos una transición que nos cuesta manejar. Entonces, ¿qué pasa? Una mujer que es extremadamente independiente le exige al hombre una relación emocional que no está acorde al rol que nosotros teníamos ni cómo fuimos educados. ¿Qué quiero decir? Hay pocos hombres que tienen desarrollada esa parte de madurez emocional, entonces la mujer dice prefiero quedarme sola. Y no es así. No prefiere quedarse sola sino que no está pudiendo lidiar con todas esas heridas emocionales pasadas, que le dieron esa independencia y que le generan desencuentros con un hombre que no tiene idea de qué hacer. La pregunta que siempre hago es, ¿nos estamos escondiendo en esa independencia? ¿Nos estamos justificando el hecho de no tener un vínculo por esa independencia? O no estamos consiguiendo diferenciar lo que es la independencia económica y laboral de la emocional. Los hombres y las mujeres estamos pasando una transición.

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—¿Cómo superar el dolor que genera un amor que no funcionó?

—Uno vive la tristeza, el dolor pero no rumiás. Trabajo para que no me condicione mi mañana.

—Aburre lo simple…

—Hay un mecanismo químico que es el de la dopamina. Entonces, cuando vos estás con una persona conflictiva te sentís mejor porque cada tanto sabés que va a venir un shock de dopamina y eso te seduce mucho más. Y las personas se acostumbran a vivir en ese estado pero no es una cuestión de la naturaleza humana sino a lo que estamos acostumbrados en este mundo moderno al que hoy estamos expuestos.

—¿Qué es el encuentro real? ¿Cómo lo descubro?

—Si estás sentado con alguien disfrutando un café, una buena charla sin necesidad de solucionar nada en los primeros cinco minutos… eso es real. Vivilo, sentilo, repetí el encuentro. Hablá, escuchá. Si el otro es una persona madura emocionalmente conectará. El amor no lastima: es la solución de todo. No lo digo yo, lo dicen todos los sabios del mundo.

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—Pero en los desencuentros hay a veces un poco de dolor.

—Por supuesto, pero no es el dolor que viene del amor sino de las heridas de uno. No hay que tomarlo personal. Eso no es el amor, es el ego. Estamos condicionados por el pasado y, en ese instante, nos está modificando la forma de percibir ese momento.

—¿Qué opinás de la infidelidad?

—Si bien no hablo de esto en el libro, la infidelidad es un ejemplo más de cómo nuestra mente egotista, el ego, nos juega una pasada. Pero no obstante considero que es una cuestión de pareja antes que nada y no es de una sola persona por lo que son dos mentes egotistas descoordinadas que incitan a que suceda. Que suceda, no lo justifico, y hay que hacerse responsable de nuestros actos. No obstante, ahí entra el tema del amor universal, que es el amor por encima del amor de pareja… El desenlace de esta situación tiene que estar basado siempre en ese amor. Quien te dice, ese sea el próximo libro. Veremos.