
En un testimonio difundido por el canal People, el exagente Will Jimeno, de la Policía de la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey, reconstruyó cómo sobrevivió bajo los escombros del World Trade Center tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.
En ese relato, repasó, 25 años después, el operativo, el derrumbe, las horas que pasó atrapado y el rescate. También situó desde qué momento personal atravesó aquel día: contó que estaba casado con Allison, que ya tenían a Bianca, de tres años, y que esperaban a su segunda hija, cuyo nombre todavía no habían definido.
Según recordó, esa mañana había comenzado como cualquier otra, y salió hacia el trabajo después de despedirse de su esposa y besarle la panza.
La orden de volver al puesto convirtió una guardia rutinaria en un operativo hacia las torres
Según contó, su destino ese día era la esquina de las calles 42 y 8, donde cumplía funciones habituales hasta que notó que la intersección se oscurecía. Poco después, la radio emitió el código “840”, que ordenaba a todos los agentes regresar al puesto policial.
Para Jimeno y sus compañeros, esa convocatoria general ya indicaba que ocurría algo fuera de escala: “Algo malo de verdad debió haber pasado”.
En el lugar se reunió con otros oficiales, entre ellos Dominick Pezzulo, y vio la preocupación de sus superiores. También observó por televisión una de las torres con un gran agujero.
Después, un inspector les informó que habían tomado un autobús para enviarlos al complejo del World Trade Center y colaborar con la evacuación. Ese traslado marcó, dentro del relato, el paso entre una jornada ordinaria y una intervención de emergencia en el centro de Nueva York: “Vamos a bajar a ayudar a nuestros hermanos y hermanas en el World Trade Center con la evacuación”.
La llegada al World Trade Center
Ya en el sur de la ciudad, Jimeno dijo que se encontró con una imagen que no había imaginado: habló de polvo, concreto, partes del avión y restos humanos.
También explicó que, mientras ellos viajaban desde el centro de Manhattan, no sabían que un segundo avión ya había impactado contra la otra torre, de modo que llegaron sin una dimensión completa de lo que estaba ocurriendo en el lugar.
En ese contexto, el sargento John McLoughlin pidió agentes que supieran usar equipos de respiración autónoma Scott Air-Pak, los dispositivos que emplean los bomberos para desplazarse en ambientes con humo o aire contaminado.
Jimeno se ofreció junto con Pezzulo y Antonio Rodriguez. Antes de avanzar, recordó el pacto que hicieron entre ellos: “No nos dejamos. Pase lo que pase, seguimos juntos”.
El ingreso a la Torre Sur terminó con el derrumbe sobre el grupo
Camino a la Torre Sur, el grupo se cruzó con Christopher Amoroso, otro agente de la fuerza. Ya dentro del edificio, Jimeno relató que por primera vez midió el alcance de la situación: vio personas muertas en el lobby y otras que corrían para salir. En ese momento, según recordó, pensó: “Will, ¿dónde te metiste?”.
Poco después escuchó una explosión y vio una bola de fuego en el interior. Entonces se produjo el colapso. Al describir ese instante, recurrió a una de las imágenes más fuertes de su testimonio: “La única manera de describirlo es como un millón de trenes de carga viniéndose encima de uno, como el rugido del diablo cayendo sobre uno”.
Cuando abrió los ojos de nuevo, estaba a oscuras bajo los restos: “No puedo moverme. Estoy enterrado. Literalmente me están aplastando”.
El encierro se prolongó durante horas y quedó sostenido por la oración y la resistencia
Tras la muerte de Pezzulo, Jimeno recordó que cayó en la desesperación, mientras McLoughlin le pedía que conservara energía. Cuando le preguntó qué podían hacer en una situación extrema como esa, el sargento fue contundente: “No hay entrenamiento para esto”.
Según el relato, esa respuesta condensó la idea de que todo dependía de la voluntad de sobrevivir y ordenó el resto de las horas que pasaron atrapados.
Durante ese tiempo, contó que rezaron varias veces y repitieron plegarias mientras intentaban sostenerse con vida. En un momento dijo que quiso rendirse y pidió que le avisaran a su esposa que llamara Olivia a la bebé, que estaba por nacer.
La salida con vida abrió una recuperación larga y una memoria que siguió activa 25 años después
Jimeno contó que McLoughlin fue retirado de debajo de los restos y dijo que después le informaron que él mismo había sufrido dos paros cardíacos esa noche y que logró ser reanimado. A partir de ahí, siguieron cirugías, internación y un proceso de rehabilitación para volver a caminar y a vestirse por sus propios medios.
En el cierre de su testimonio, Jimeno recordó que pudo presenciar el nacimiento de Olivia el día de su cumpleaños. También contó que durante años convivió con la culpa del sobreviviente y que, incluso 25 años después, el 11 de septiembre seguía marcando su vida: “En toda esa oscuridad, hubo amor”.
