
Que el partido entre Argentina y el Sub 23 de Burkina Faso no era un amistoso de primera clase lo sabía todo el planeta. Incluso los hinchas argentinos, que ni siquiera completaron el aforo del estadio Monumental. La mitad de las entradas quedaron sin vender. Una rareza para la selección albiceleste tan acostumbrada a apoyos multitudinarios y “sold-outs”. Y justo en el día en el que estrenaba el subcampeonato del mundo en la Ciudad de Buenos Aires.
Siempre estuvo claro que el objetivo del partido ante los entusiastas africanos no era futbolístico. En algún momento pudo haber sido económico. Había un objetivo secundario que sí era deportivo: que estos encuentros (Bolivia, Burkina Faso y Benín) fueran considerados “clase A” -según la escala de la FIFA) y, así, contaran para ir descontando fechas de suspensión en los castigos de Leandro Paredes (10) y Nahuel Molina (7). Enzo Fernández y Thiago Almada (hoy lesionado) cumplieron su castigo contra Bolivia. El papelonezco espectáculo del Monumental no podrá usarse para reducir esa pena: la FIFA establece que para que los amistosos sean clasificados como “clase A” ambos equipos deben ser seleccionados de mayores. Los africanos presentaron un combinado Sub 23. Y ni siquiera viajó el DT de la mayor, Amir Abdou.
La AFA, sin embargo, promocionó el encuentro de este sábado con la nómina original de los convocados -por Abdou- para este partido. Estaban en la lista el defensor central Edmond Tapsoba (uno de los referentes del plantel y compañero de Facundo Medina y Ezequiel “Equi” Fernández en el Bayer Leverkusen), el arquero Hervé Koffi y el delantero Dango Ouattara. Ninguno emprendió la travesía a Buenos Aires. Del listado original sólo viajó el juvenil Chec Bebel Doumbia, de apenas 18 años.
Los futbolistas argentinos disputaron el partido con la misma seriedad que les reclama su entrenador, Lionel Scaloni. Lo importante, lo vital, es estar a la altura de la camiseta que ellos portan. Respetar la historia, sin importar el rival. Tener la misma intensidad así el oponente sea Brasil, Alemania, España, Francia, Vanuatu, Malawi, Mauritania, Zambia o… la Sub 23 de Burkina Faso. Los jugadores cumplieron, pero no tuvieron demasiado para festejar. El 5-0 con el que se fueron al vestuario tras el primer tiempo se gestó por decantación. Y el gol de Julián Alvarez, el último de esa primera parte, casi ni lo celebraron. Un síntoma, como los once cambios permitidos, muy por encima de que permite un partido denominado “Clase A”. Un equipo entero. Lo disfrutó Gerónimo Rulli, capitán por primera vez desde que reemplazó a Emiliano “Dibu” Martínez.
Sin embargo, el entrenador argentino, Lionel Scaloni, aseguró que el partido ante Burkina Faso no dejará de ser “clase A” por la cantidad de cambios. “Hay un reglamento que dice que si la FIFA está notificada y el rival acepta se pueden hacer 11 y sigue siendo clase A. Nos aseguramos de eso porque… imaginate… al final lo hacemos también un poco para que los chicos cumplan sanción. No hubiera sido bueno”.
El nivel del partido-exhibición hizo que la gente ni siquiera se contagiara por el aluvión de goles albicelestes. Asistió a un entrenamiento pago. Y abonó entre 90 mil y 480 mil pesos por su asiento. A esas cifras, claro, hay que sumarle el cargo de servicio de Deportick, la plataforma elegida por la AFA para el expendio de las localidades, que pertenece al empresario Javier Faroni, apuntado por investigaciones judiciales vinculadas al supuesto desvío de dinero de la AFA. Curioso: se compran online, pero se retiran en forma presencial un día antes del partido y luego de hacer filas kilométricas. En palabras del propio Claudio “Chiqui” Tapia, “no trates de entenderlo. Disfrutalo”.
Y Deportick es de Javier Faroni, el exdiputado bonaerense del massista Frente Renovador que también es dueño de TourProdEnter, la empresa que se queda con el 30% de los contratos internacionales de sponsoreo de la selección. En todo este entramado, el único que pierde es el hincha. Porque paga, y paga, y sigue pagando por ver a sus ídolos en primera persona. Jueguen contra quien jueguen. Esa pasión incondicional es la que lleva a la AFA a organizar “partidos chatarra” como el de este sábado.
🏟️ ¡APLAUSOS PARA BURKINA FASO CUANDO SALIÓ EL ESTADIO! 😅
Así recibieron los hinchas al rival de la Selección Argentina, que llegó hace solo algunas horas al país. pic.twitter.com/8zjd2aMTH4
— TyC Sports (@TyCSports) October 3, 2026
Los jóvenes burkineses volarán al alba hacia la capital de su país, Uagadugú. Más allá de la catarata de goles recibidos, en su equipaje estará el aplauso que recibieron por parte de los plateístas argentinos cuando salieron a la cancha a hacer el calentamiento. Porque el amistoso estuvo a punto de cancelarse. Sí, un partido de los subcampeones mundiales pudo haberse suspendido. Luego de la negativa de los mayores de subirse al avión y hacer la travesía a Buenos Aires, la Federación Burkinesa se movió rápido y canceló un amistoso de la Sub 23 previsto para este domingo contra Malí en Bamako. Ese equipo fue el que se embarcó para el partido. Para esos futbolistas que pisaron el Monumental se trató de una jornada inolvidable. Para el hincha argentino promedio, todo lo contrario: un amistoso olvidable. Como pocos.
