
Ninguna de las dos compañías está en problemas. Microsoft acaba de reportar ingresos de USD 81.300 millones en el segundo trimestre de su año fiscal 2026, con Azure creciendo 33 %. Meta viene de un año récord. El recorte no es un ajuste de crisis: es una decisión financiera deliberada.
La frase que mejor resume lo que está pasando la escribió Jack Dorsey en febrero, cuando Block, su compañía financiera, anunció el corte del 40% de su plantilla, más de 4.000 personas: “no estamos tomando esta decisión porque estemos en problemas”. Es la nueva fórmula que ya copiaron Oracle, Snap y ahora Meta y Microsoft.
La inversión que devora la nómina
Alphabet, Meta, Amazon y Microsoft van a gastar USD 674.000 millones en inversión de capital durante 2026, según el cálculo de The Wall Street Journal. Más del doble que dos años atrás, cuando el gasto en IA ya parecía elevado. El destino del dinero es el mismo en todos los casos: centros de datos, chips de Nvidia, silicio propio, infraestructura para correr los modelos.
El problema es que esa inversión empieza a comprimir lo que parecía intocable. Meta destinará a infraestructura más de la mitad de su ingreso anual. Amazon va a quemar caja este año. La relación entre deuda y capital propio de Meta saltó del 8% en 2020 al 39% en 2025. Algunos jugadores grandes, incluida Meta, recurren a ingeniería financiera fuera de balance para sostener el ritmo de cómputo.
La nómina humana es la variable más fácil de ajustar. Por eso se ajusta.
La pregunta que cambió en Wall Street
Hay un dato de The Wall Street Journal que vale toda la columna. Los analistas le preguntaron sobre eficiencia a las grandes empresas tecnológicas de Estados Unidos 29 veces en los últimos dos ciclos de balances trimestrales, casi el triple que dos años atrás, según la plataforma de análisis financiero AlphaSense. La eficiencia pasó de ser una pregunta ocasional a ser la pregunta central. El ingreso por empleado se volvió la métrica más vigilada del sector.
Las empresas tecnológicas del S&P 500 con valuación arriba de USD 1 billón ya promedian USD 2 millones de ingreso anual por empleado. La media del sector es de USD 669.000, un 14 % por encima de la media general del índice. Pero los analistas piden más. Y la única manera de mover esa cifra rápido es bajar el denominador.
Por eso el mercado celebra cada despido masivo en el sector con suba de cotización el mismo día. Snap subió 7 % cuando despidió 1.000 personas el 15 de abril, alegando que la IA genera el 65 % de su código nuevo. Microsoft sube cada vez que confirma plan de retiros pagos. La nómina humana dejó de ser activo y pasó a ser costo a optimizar contra la inversión en IA.
Lo que duele
Hay dos lecturas sobre lo que está pasando. La primera, la oficial: la IA permite que los equipos pequeños hagan el trabajo que antes hacían los grandes. Es lo que dijo Evan Spiegel en su memo a la SEC cuando despidió al 16 % de Snap. Es lo que insinúa el memo interno de Janelle Gale, directora de recursos humanos de Meta, citando los recortes como esfuerzo “para compensar las otras inversiones que estamos haciendo”.
La segunda lectura es más dura, y la firma el propio Wall Street Journal: las compañías están “canjeando personas por chips”, y algunas van a lamentarlo. Despidos masivos golpean la moral, generan incentivos de salida para los talentos que tienen alternativas afuera, y arman el caldo para que los exiliados monten emprendimientos que después compiten con sus ex empleadores. La IA todavía necesita gente que arme los modelos de negocio, atienda a los clientes, vigile que las herramientas se desplieguen sin romper cosas.
Hay un tercer factor que el periódico marca al pasar y que conviene tomar en serio: el respaldo público a la IA empieza a romperse. La construcción de centros de datos gigantes encuentra resistencia comunitaria creciente. Manitoba, en Canadá, acaba de anunciar que va a prohibir IA y redes sociales para menores. Cada despido masivo agrega leña al argumento de que la IA no es panacea sino destructor de empleo. Ese costo político lo van a pagar las mismas compañías que hoy aplauden las cifras.
El movimiento que no admite vuelta atrás
Lo que más pesa de todo esto es lo siguiente: las compañías que están vaciando sus oficinas para llenar sus centros de datos no van a poder dar marcha atrás. Si la IA entrega lo prometido, el ingreso por empleado se sostiene, la inversión se amortiza, y los directivos que tomaron la decisión pasan a la historia como visionarios. Si la IA no entrega, no hay vuelta. La nómina perdida no vuelve, los equipos disueltos no se reconstruyen, el conocimiento tácito que se va con los empleados senior no se recompra. Y los balances ya tensionados por la inversión no van a tener oxígeno para reabsorber gente.
Hay un nombre técnico para lo que está pasando, y lo viene usando Wall Street desde hace meses: una pulseada para ver quién pestañea primero. Cada gigante apuesta a que el resto se va a echar atrás antes. Mientras tanto, el costo del juego lo pagan los 23.000 que salieron el jueves, y los 92.000 trabajadores del sector tecnológico que ya se quedaron sin empleo en lo que va de 2026 según Layoffs.fyi.
La inversión se puede recortar. Los chips se pueden vender. La gente que salió por la puerta de Meta y Microsoft no vuelve.
