Romina Manguel, íntima: qué la seduce de los hombres peronistas, el hate sobre su cuerpo y la dura enfermedad que enfrentó

Romina Manguel, íntima: qué la seduce de los hombres peronistas, el hate sobre su cuerpo y la dura enfermedad que enfrentó
Romina Manguel, íntima: qué la seduce de los hombres peronistas, el hate sobre su cuerpo y la dura enfermedad que enfrentó

“Primera vez. ¡Debutando! Me da pudor, pero acepté”, dice Romina Manguel con una sonrisa, mientras se somete a una escena cotidiana y natural para una profesional de su trayectoria: el productor le coloca el micrófono. Claro que esta vez no será ella, una periodista respetada y consolidada, quien hará las preguntas: ahora le toca responderlas. Y este estreno no tiene tanto que ver con esa circunstancia —ya ha realizado otras notas— sino con la invitación de Paparazzi para su participación en la sección A Solas, en una entrevista íntima y sincera.

Romina llegó al estudio ya lista para la grabación, peinada y maquillada, espléndida, y abierta al diálogo franco. Por caso, se declara consumidora de programas de espectáculos y chimentos. En un presente afortunado, disfrutando de la maternidad, de la posibilidad de elegir los trabajos y de un flamante nuevo amor que llegó a su vida, Manguel reconoce que hizo camino al andar y que no reniega de las críticas que pueda recibir por su postura o pensamiento.

Además, la conductora de No dejes para mañana, en Radio con vos, habló de su affaire y sus diferencias con Matías Martín, destrozó una vez más a Diego Brancatelli, recordó su romance con un hombre 20 años menor y habló de su problema de salud en el 2025, cuando muchos se creían con derecho de opinar sobre su peso, justo mientras ella enfrentaba un tratamiento.

“Somos muy pocas las mujeres que hacemos periodismo político en la tele y en la radio, conduciendo. Estaría bueno que fuésemos más. Empecé muy chiquita, a los 16 años —recuerda—. Trato de evitar el sí a todo porque después, no puedo cumplir. Igual digo que sí a demasiadas cosas: tendría que ser más selectiva…”.

—¿Sentís que el periodismo político es un espacio más masculino?

—No voy a hacer una diatriba feminista, pero el solo hecho de que sea un tipo parece que le da más entidad: porque es tipo, sabe; pasa menos tiempo en la peluquería y más con las fuentes. ¡Pelotudeces! La verdad no sé que es, pero somos poquitas.

—¿Tiene un precio decir lo que uno piensa?

—Claro que sí. Pero soy de la escuela de Lanata: fue mi amigo, mi maestro y mentor. Es un poco como decía él: “Si no te bancás esta, ponete un negocio de comida”. Uno elige: poner la cara, la voz, firmar. Y si te putean y no te la bancás… No está bueno, a mí no me gusta, pero también podría estar trabajando en un estudio jurídico donde lo que pienso se enteran mis compañeras y nadie más. Pero elegí otra cosa. Y un poquito hay que bancársela.

—¿Qué significó Lanata para vos?

—¡Huy! Todo… Gran parte de mi vida, mi historia; su familia, mi familia; lo que aprendí. A veces, como les digo a mis compañeros, me sale una lanateada: es como alguna genialidad que en algún momento se te escapa. Esto es muy Lanata, pero que tiene que ver con eso: con que te importe cada vez menos la opinión del otro. A esta edad, a mí me importa mucho la opinión de unos pocos, de muy poquitos. 

—En su momento saliste a acompañar a las hijas de Jorge, a bancarlas. ¿Cómo ves a Elba Marcovecchio?

No hablo de Elba Marcovecchio. No tuve relación con ella: en mi relación con Jorge nunca me hizo partícipe, digamos, de esa relación. Tomábamos café con él y con todas sus otras parejas, sí, particularmente con las mamás de sus dos hijas, a quienes considero amigas, de familia. Y con Elba no, nunca. Creo que una sola vez comimos y nada más. Y después se hizo una muy de más, que fue decir que yo estaba con Jorge, que era la amante de Lanata, y que además, me regalaba carteras Hermès. Me parece que lo ensució a él:  Lanata nunca fue eso, no estuvo conmigo ni con minas porque les regalaba cosas. Ensució una amistad. Entonces, no hablo de ella. No me interesa nada su vida. 

—Yanina Latorre es alguien que también nació profesionalmente al lado de Lanata. 

—Sí. Lanata la amaba, la amaba. Yanina Latorre lo divertía. Por eso, más allá del personaje, le tengo cierto cariño: porque para alguien que vos querés mucho, de repente era una mina que la respetaba, la quería, se divertía. A Lanata le gustaba mucho el periodismo de espectáculos. De hecho, también laburó Marina Calabró. Por ahí estaba muy enroscado en la política y a alguien le venía con algún puterío y era tipo: “¡Paren todo! ¡Paren todo y vamos al puterío!”. 

Romina Manguel con Jorge Lanata, su amigo, maestro y mentor.

—Hoy Yanina está en un lugar importante dentro del periodismo de espectáculos. ¿Qué te pasa si te suena el teléfono con un llamado suyo, o de Ángel de Brito?

—Miedo no. Decís: “¿Qué fue lo que pasó, qué dije, qué…?”. Pero no, miedo a nadie. Hago tele una vez por semana y digo: “Huy, ¿qué pasó? Por ahí en el clima interno no me di cuenta, o me di cuenta…”. Y digo: “Venga, me hago cargo”.

—Este verano salió la luz tu pasado con Matías Martín, un romance que no muchos conocían.

—No existen, no existen, no… Hay cosas que uno, en el aire, no las puede manejar. Y que tiene que ver con lo que diga otro. Bueno, lo lamento un montón; o sea, ahí terminó la historia. 

—Pero ahí se dio como que el otro hombre tenían cola de paja y creyó que vos lo habías hecho a propósito.

—Sí, nervioso… Gente muy nerviosa, que se pone muy nerviosa. Por algo será. A mí la verdad que me dicen: “Mandale un beso a tu ex”; le mando, estoy separada, estoy junta. No sé, hay gente que se pone muy nerviosa.

—¿O tienen miedo de que hablen de algo y no quieren contar en ese momento? 

—No. Creo que hay gente que por ahí no hizo las cosas bien y se pone nerviosa, porque sino, la verdad: ¿qué te importa que alguien vaya a otro programa a contar de tu relación? Y me parece que, además, conociendo el medio, involucrar al periodista como… ¿Te pasó? Yo digo algo al aire ahora y qué, vos tenés la culpa de lo que yo dije, lo armamos. Y es una peli como… 

—¿Se hizo una película?

—Sí, tremenda. Como un nivel de paranoia. Hermano, ¿qué te anduvo pasando? 

—Entre los romances del pasado, como este con Matías Martin, ¿hay otros más que no sepamos?

—Prácticamente no salí con periodistas. No me… Estamos todo el día: los ame, pero a mí me aburre. Dame algo distinto, diferente. El papá de mis hijas es consultor de pymes, estuvimos 16 años. Los periodistas me divierten para laburar y para ser amigos, no para tenerlos de pareja

—Y el otro día contaste que estás en pareja. En su momento saliste con alguien mucho más joven. ¿Acá hay diferencia?

—En su momento tenía un montón de diferencia de edad, pero estuvimos seis años juntos. Fue una hermosa historia. Sigue habiendo prejuicio y un poco lo padecí: yo le llevaba 21. No sé si lo volvería a repetir, fue una gran historia con algún costo. Gente que opina cosas, digamos.

—En cuanto a esto que dicen del colágeno, ¿es verdad que te rejuvenece? 

—No necesariamente. Por ahí hay gente muy joven que tiene no tiene la pulsión de vida que por ahí uno de nuestra edad. Qué sé yo… Yo me divertí mucho, y nos acompañamos en un momento de la vida importante de los dos, pero él no tenía hijos, yo tengo mis hijas, era como todo… Me parece que pasó por otro lado, no por la edad. Estuvo bien, y el tiempo que tenía que estar. 

—Jugando con esto de la diferencia de edad: ¿qué te parece Pedro Rosemblat, el novio de Lali? 

—Me encanta lo que hace Pedro. Me da mucha gracia porque, y él carga muy orgulloso con ese mote, pero el novio de Lali… ¡Pobre Pedro! viene haciendo cosas. Me parece un tipo súper cariñoso. 

—Suele pasar eso, como a Roberto García Moritán, que todavía le dicen “el marido de Pampita”.

—Pero Moritán no es Pedro. Si puede ser que Lali llega un público mucho más popular. Pedro está orgulloso, va a los recitales, es el principal fan. Qué lindo que te acompañen así. Y siempre me pareció buenmozo. Y ella es una reina también, así que me encantan los dos. Me gusta esa pareja.

—¿Cuál de estos hombres te parece más atractivo: Rial, Feinman,Majul, Trebuc, Pagani, Jonatan Viale, Baby Etchecopar, Tognetti, el Gato Sylvestre?

—¡Qué difícil! Entre todos esos, ¿el más atractivo? Qué difícil… De los que pusiste ahí, Majul.

—¿Y podrías salir con alguien que tenga una ideología distinta a la tuya? 

—Es que los libertarios no tienen un estilo que me seduzca mucho, pero no porque sea libertario. Ahora, si es un negacionista, un homofóbico, eso no tiene que ver con lo ideológico: no saldría con esa gente. Una antisemita ¡ni qué hablar! Toda esa gente, no. Me parece que los peronistas están mejor, o sea, los periodistas están buenos. Algunos. Algún desagradable también hay… Pero en general, salvo honrosas excepciones, que conocés…, me parece que los peronistas están más buenos. Me gustan mucho más. Tienen cierta picardía, son más pillos. Y además, tienen algo de un compromiso social que a mí me gusta. Y me divierten más.

—Me parece que se hace hincapié en alguien con quien tuviste una pelea en los Martín Fierro: Diego Brancatelli. ¿No hay vuelta atrás? ¿Dónde nace esa pelea? 

—Desde Intratables. Me parece un desagradable, pero no sé, vos tuviste muchos años… ¡Es rarísimo! Es rarísimo decirte a vos que me parece un desagradable. No sé. Me parece que es un tipo con… Pero es raro, porque vos lo querés. No sé, no tengo idea. No me gusta decirte algo de alguien que no sé si lo querés.

—Vos podés decir acá lo que quieras, libremente

—Es un tipo con doble moral, que anda señalando con el dedo las cosas que hay que hacer. Y para eso, tenés que tener el culo muy limpio. Además, no me gusta en general la gente que da cátedra de nada. Y en todo caso, para dar cátedra le falta un montón. O sea, eso, listo. Pero si fuiste feliz, está buenísimo.

—¿Y vos, cómo sos? O sea, la Romina Manguel mujer, fuera de lo laboral y de la política.

—No cocino absolutamente nada. Tengo dos hijas, de 15 y 18 años, y una decía el otro día: “Mamá es diferente”. No, diferente porque no cocino… No cocino, pero estoy muy atenta. Las chicas eran muy chicas, yo hacía Animales, la primera mañana en Vorterix, laburaba con Lanata, mis horarios eran muy chinos. No estuve en actos del colegio, en la charla de papi, de mami… Pero me parece que hice lo que pude y está bien, digamos. Hay que preguntarle a ellas, pero yo estoy muy contenta con mi maternidad. Es lo que más disfruto. 

—¿Y qué es la maternidad para vos?

—Todo. Y además, ahora tienen una vida más independiente y me da mucha gracia sentarme con ellas a charlar y que me cuenten de su vida. Poco, ¿viste? Son más reservadas. Que me cuenten poco, pero estar juntas, viajar, irme con mis hijas, a cualquier lado, pero irme con ellas.

—¿Cómo era esa relación tan estrecha que tenías con Gerardo Rozín?

—Era una hermana, pero lo digo a propósito: Gerardo tenía una energía refemenina. Me ha pasado en algún momento, estando soltera, que alguien me invitaba a salir y yo no tenía ganas. Cuando le contaba a Gerardo, él me decía: “Pero hacelo por la anécdota”. Las anécdotas que acumulé por… Ha llegado a sentarse en una mesa… Un chabón que te invitaba a tomar algo y de repente aparecía Gerardo y se sumaba a la mesa. Pero era de las personas a las que yo le podía contar absolutamente todo. Era un tipo que no tenía prejuicios, que entendía sin juzgar, que era muy divertido, muy choto cuando quería ser choto. Y se lo extraña un montón. Creo que no lo reemplazó nadie: no hay nadie en el medio que pueda hacer lo que hacía Gerardo. Para mí, el mejor productor de la televisión. A mí me parece rarísimo, como… ¿se murió Gerardo?

Romina Manguel y Gerardo Rozín.

—¿Vos le tenés miedo a la muerte? 

—Sí, terror. Supongo que por mis hijas. Lo de Gerardo fue… fue bastante fuerte. Y es raro, porque después la vida también sigue, pero estás siguiendo sin estos dos (por Rozín y Lanata). 

—¿Hacés terapia?

—Sí, desde que tengo cinco años. Me rayé cuando mataron a John Lennon. No me preguntes, es muy largo. Mataron a Lennon, yo era muy chica, y entré como una especie de raye. Y dije: “Listo, terapia, terapia, terapia”. Y era una época, además, donde los padres progres mandaban a los chicos a que se crían un poco en terapia. Así que sí, desde muy chica. 

—Jugatela: ¿cómo ves a Javier Milei en el 2017? ¿Gana la reelección? 

—Yo primero digo: espero que no. No lo sé. Remontó una muy difícil hace dos minutos (por las elecciones legislativas del 2025), después de haber perdido. El ambiente está muy caldeado, la gente la está pasando horrible. No veo que haya expectativas de mayor tolerancia o mayor acompañamiento al que le vienen haciendo. Él se enoja con el mundo, y el mundo lo único que hace para eso es acompañarlo sin ninguna explicación lógica, realmente. Porque pocas veces vi que la gente la está pasando tan mal y que aún así estén expectantes todavía de que algo bueno pueda suceder.

—Muchos lo votaron por ya no querer lo que había antes.

—Eso también es cierto. Creo que es directamente proporcional el malestar que generó el último gobierno de Alberto (Fernández) a la vida útil, digamos, que tiene la política de Javier Millei. Sí, lamentablemente sí.

—¿Y el caso de Adorni? 

—Es un mamarracho, un impresentable, un soberbio. Acá lo que no le perdonamos es que un boludo nos tome de boludos. Nos han tomado de boludos muchas veces; ahora, que este boludo nos tome de todo de boludos es mucho, es como un límite

—Te hago un ping-pong: ¿Mariana Brey o Nancy Pazos?

—Nancy Pasos, porque fue una de las primeras mujeres que abrió las puertas al periodismo político, cuando no era tan habitual. Tiene mucha calle, sabe de política, tiene una linda historia. Hasta que se convirtió en asesora de quien fue su marido y, entonces, se desparfiló. Y ahora está volviendo, se reinventó, volvió un poco más a lo que era, y me gusta. Brey me cae súper bien, pero haciendo política no me gusta. 

—¿Wanda Nara o la China Suárez?

—Wanda me parece espectacular, un personaje muy divertido. Además, decís “Wanda” y todo el mundo sabe. Se hizo una marca ella misma.

—¿Consumís chimentos?

—Me gusta mucho LAM, cómo Ángel lleva el programa. Además, mis hijas lo ven. Pero no es una excusa: sí, consumo. Me parece que Ángel encontró una madurez y un tono espectacular. Me encantaría que Ángel hiciera política, ese es el salto. Parece que estoy subestimando el espectáculo, y no. Digo, por ahí, el volantazo que podría dar es hacer política, sobre todo con lo cínico que es. Sería espectacular. Alguna vez se lo pregunté y me dijo que no.

Romina Manguel con su pareja. (Instagram)
Romina Manguel con su pareja. (Instagram)

¿Te preocupa el paso del tiempo? 

—No, cero. Me cuido poco, debería hacerlo más. Me la estoy pasando muy bien ahora. Me la pasé muy mal con endometriosis, que es un bajón, es una enfermedad que se tarda un montón en diagnosticar. Y la gente me decía cosas horribles, como: “Che, estabas regorda”, y no tenés ganas de explicarle: “Me operararon, tomé hormonas”. Y es un dolor que no te puedo explicar… Prácticamente te invalida en el día a día. Beatriz Sarlo, que en un momento laburé con ella, una reina, en algún momento me vio que estaba muy mal y me dijo: “¿Qué te pasa?”. Y yo le decía que no entendía el debate, porque (en las redes) me ponían, por ejemplo, “malcogida”. Entonces, Sarlo me decía: “Bueno, pero en todo caso es un problema de ellos, que hacen un mal servicio”. Y me gustó esa de Sarlo: problema de ellos. Pero la viven peor la gente que está cerca tuyo y no está acostumbrada. Ahora mi pareja la pasa pésimo porque quiere ir a cagar a trompadas a todo el mundo, ¿entendés? ¡Pará! No pasa nada… No podés ir a pelearte con gente porque dicen cosas. Y además, te dicen cosas y cuando las buscás un poquito, se fueron. A varios les dije: “Vení a buscarme a la puerta de la radio y lo seguimos charlando”. Rechabón la mina. Pero no aparece nadie. Que sigan hablando. Sí, que sigan hablando. 

—No puedo dejar de preguntarte: te involucraron con supuesto acoso de Mario Pergolini en el pasado.

—Soy una chica grande que, si tuve o tuviese algún problema con Pergolini, lo hablo directamente con Pergolini, o con la persona que fuese. No necesito interlocutores. Sí creo que hay una etapa de los medios que ya, por suerte, quedó bastante atrás, que tenía que ver con un trato a las mujeres, que éramos muy pocas, que lo tomábamos con muchísima naturalidad. Sí, hablo de Pergolini, pero no hablo solo de Pergolini. Entonces, vamos a creer que sí, que cambiaron los tiempos, y vamos a creerlo sobre todo por mis hijas, porque no tengo ganas de que pasen… y no hablo solo de eso, sino de diez millones de cosas que pasamos todas las que estamos en los medios y que probablemente no contamos. 

—Más con el carácter y la personalidad que tenés. 

—No te creas tanto… Me parece que también tiene que ver con esto: uno se tiene que armar más. Porque en un punto nos defendemos solas, entonces terminás siendo “una conchuda”. No, loco: conchuda no. Dale. O sea, me tengo que defender porque me están atacando, porque no me están valorando, porque tengo que demostrar veinte veces más que mi colega varón… Nada que no se sepa. Y entonces, te dicen conchuda.

—Por último, No dejes para mañana: ¿qué no dejarías vos para mañana? 

—Estar con mis hijas, enamorarme, vivir una historia de amor como la que estoy viviendo. No hay que vivir en borrador. Se vive una vez y se hace una vez. Y entonces, en borrador, dejemos… Eso es para tibios.

Romina Manguel, con Paparazzi.

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