El Gobierno de Ucrania desmintió este domingo cualquier implicación en el hallazgo de dos paquetes de explosivos junto al gasoducto TurkStream en el norte de Serbia, una infraestructura clave para el suministro de gas ruso hacia Hungría.
Kiev sostuvo que las acusaciones lanzadas desde Budapest carecen de pruebas y sugirió que el episodio podría responder a una maniobra de Moscú en plena recta final de las elecciones legislativas húngaras.
La reacción oficial llegó a través del portavoz del Ministerio de Exteriores ucraniano, Gueorguí Tijí.
“Rechazamos categóricamente los intentos de vincular falsamente a Ucrania con el incidente de explosivos encontrados cerca del gasoducto TurkStream en Serbia. Ucrania no tiene nada que ver con esto”, dijo.
En la misma declaración, añadió que lo más probable es que se trate de “una operación de falsa bandera rusa” vinculada a la injerencia de Moscú en la campaña electoral de Hungría.
El episodio se produjo en la localidad serbia de Kanjiza, próxima a la frontera con Hungría, donde fuerzas de seguridad localizaron dos mochilas y dos grandes paquetes de explosivos con detonadores en las cercanías del tramo conocido como Balkan Stream, extensión terrestre del TurkStream.
La infraestructura es estratégica porque garantiza el flujo de gas natural ruso hacia Hungría y el norte serbio, dos zonas altamente dependientes de ese suministro.
La denuncia inicial partió del presidente serbio, Aleksandar Vucic, quien informó del hallazgo al primer ministro húngaro, Viktor Orbán. Poco después, el jefe de gobierno magiar convocó una reunión extraordinaria del Consejo de Defensa y ordenó reforzar militarmente la protección del tramo húngaro del gasoducto.
Orbán calificó el incidente como una amenaza directa a la seguridad energética nacional y aseguró que Hungría no permitirá que se ponga en riesgo el abastecimiento.
Desde Budapest, el ministro de Exteriores, Péter Szijjártó, fue más allá y enmarcó el episodio dentro de una supuesta serie de acciones de Kiev orientadas a cortar el flujo de energía rusa hacia Europa Central. Sin presentar pruebas concluyentes, sostuvo que el hallazgo encajaba con intentos previos de afectar rutas clave de gas y petróleo que atraviesan la región.
La respuesta ucraniana colocó el foco político en el contexto electoral húngaro. A solo una semana de unos comicios considerados decisivos para el futuro de Orbán, el gobierno de Kiev sugirió que el caso podría ser utilizado para alimentar una narrativa de amenaza externa y reforzar la campaña del partido oficialista Fidesz.
La oposición húngara también expresó sospechas en ese sentido y deslizó la posibilidad de una maniobra destinada a recuperar apoyo entre el electorado.
Más allá de la disputa diplomática, el hallazgo encendió alarmas por la fragilidad de la infraestructura energética en Europa del Este. Un eventual sabotaje sobre ese ducto podría afectar de forma inmediata el suministro de gas ruso a Hungría, uno de los pocos socios de la Unión Europea que mantiene compras sostenidas a Moscú, y generar tensiones adicionales en los mercados regionales.
Por ahora, Serbia mantiene abierta la investigación para determinar el origen de los explosivos y establecer quién los colocó cerca de la tubería. Hasta el momento no se difundieron resultados periciales ni datos oficiales sobre responsables concretos.
Mientras tanto, el cruce entre Budapest y Kiev volvió a elevar la tensión política en un escenario marcado por la guerra, la dependencia energética y una campaña electoral cargada de acusaciones cruzadas.
(Con información de EFE)
