
Hay gestos que, por su sencillez, terminan diciendo mucho. Eso ocurrió en la Escuela N.º 6370 “Tte. Gral. Pablo Riccheri”, donde un momento cotidiano protagonizado por Maia, una niña con displasia septo-óptica, se transformó en una muestra conmovedora de compañerismo, empatía e inclusión.
Maia está dando sus primeros pasos con la ayuda de un andador. Y cada uno de esos avances tiene detrás una pequeña ronda de acompañamiento: sus compañeros y docentes caminan a su lado, respetan sus tiempos y la alientan en cada movimiento.
La escena quedó registrada en un video que rápidamente comenzó a circular y conmovió a la comunidad. En las imágenes se observa cómo la niña avanza por la escuela mientras quienes la rodean la acompañan sin apurarla, celebrando cada paso.
Pero el gesto de sus compañeros no termina durante las actividades escolares. Como Maia concurre con horario reducido, cada vez que llega el momento de retirarse, sus compañeros la acompañan hasta la salida. Un recorrido que podría ser simplemente parte de la rutina escolar se convierte así en una demostración de afecto y solidaridad.
Su mamá contó que actualmente Maia combina la escuela primaria con una institución de educación especial y que, junto con su familia, viaja periódicamente a Rosario para realizar las terapias que necesita.
A pesar de los desafíos, la pequeña disfruta especialmente de asistir a la escuela. “Es una niña muy feliz y disfruta muchísimo de ir a la escuela”, expresó su mamá, emocionada por el vínculo que Maia construyó con sus compañeros y maestras.
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