
ROMA.– El terremoto político desatado por el rechazo en las urnas a la reforma judicial impulsada por la primera ministra italiana Giorgia Meloni sumó en las últimas horas un giro decisivo: la ministra de Turismo, Daniela Santanchè, finalmente presentó su renuncia tras haber desafiado abiertamente a la jefa de Gobierno y negarse durante días a dejar el cargo.
La dimisión, formalizada mediante una carta dirigida a Meloni, llega después de un enfrentamiento interno de alto voltaje que había dejado al descubierto tensiones inéditas dentro del oficialismo. “No tengo problema en decir ‘obedezco’ y hacer lo que me pide”, escribió Santanchè, en un tono que contrastó con su resistencia inicial y que buscó recomponer el vínculo político con la premier.
En el mismo texto, la exministra admitió su malestar por el desenlace, pero dejó en claro que priorizó la cohesión del gobierno. “No ocultaré cierta amargura por el resultado de mi carrera ministerial, pero me importa más nuestra amistad y el futuro de nuestro movimiento”, señaló. Al mismo tiempo, rechazó haber sido responsable de la derrota en el referéndum y defendió su desempeño político: “No quiero ser el chivo expiatorio de una derrota que no fue culpa mía”.
La salida de Santanchè marca el desenlace de una crisis que se había abierto tras el revés electoral del 22 y 23 de marzo, cuando los italianos rechazaron la reforma judicial impulsada por el gobierno. El resultado no solo expuso una fisura con el electorado, sino que desencadenó una serie de dimisiones, tensiones institucionales y cuestionamientos internos que pusieron a prueba la autoridad de Meloni.
Hasta último momento, la ministra había sostenido su negativa a dimitir, amparándose en que no existía una obligación formal y defendiendo su continuidad pese a las causas judiciales que enfrenta por presunta falsedad contable, quiebra fraudulenta y estafa a la seguridad social vinculadas a su empresa Visibilia. “Me quedo. La Constitución está de mi lado”, había afirmado, en lo que fue interpretado como un desafío directo a la primera ministra.
Ese pulso interno evidenció también los límites del sistema político italiano: el jefe de Gobierno no tiene la potestad directa de destituir a sus ministros, una facultad que recae en el presidente de la República, Sergio Mattarella. La posibilidad de recurrir a esa vía implicaba para Meloni un costo político elevado, al exponer públicamente una pérdida de control dentro de su gabinete.
La presión, sin embargo, fue en aumento. En paralelo a la exigencia de la premier, la oposición avanzaba con una moción de censura en el Parlamento, lo que amenazaba con trasladar la crisis al plano legislativo y profundizar el desgaste del Ejecutivo. De hecho, tras conocerse la renuncia, legisladores opositores aplaudieron en la Cámara de Diputados, reflejando el alivio político que generó la salida.
La dimisión de Santanchè se suma a las de otros funcionarios del área de Justicia, como el subsecretario Andrea Delmastro y la jefa de gabinete Giusi Bartolozzi, quienes habían dejado sus cargos tras quedar envueltos en controversias judiciales. En conjunto, las salidas forman parte de un intento de Meloni por recuperar credibilidad tras el revés en las urnas y enviar una señal de “responsabilidad institucional”.
Sin embargo, el episodio deja secuelas. La resistencia inicial de Santanchè, su desafío público y la dificultad para forzar su salida debilitaron la imagen de control del gobierno y expusieron fisuras internas que hasta ahora permanecían contenidas.
Hasta el momento, el Ejecutivo descarta una crisis formal que derive en una moción de confianza general, pero admite la necesidad de ajustes en el gabinete, especialmente en el área de Justicia. El desafío para Meloni será ahora recomponer la autoridad política tras una crisis que, aunque cerrada en lo inmediato, dejó al descubierto las tensiones latentes dentro de su coalición.
Agencia ANSA y diario El País
