La imagen que dejó Donald Trump al aterrizar en Beijing buscó transmitir mucho más que una visita diplomática. Detrás del presidente estadounidense descendieron algunos de los empresarios más influyentes de Estados Unidos, en una escena que dejó en evidencia cuáles son las prioridades reales de la cumbre con Xi Jinping: comercio, tecnología, inversiones y acceso al mercado chino.
Trump llegó acompañado por ejecutivos de gigantes tecnológicos, financieros e industriales con un objetivo concreto: pedirle a Xi que reduzca las barreras que dificultan la expansión de las empresas estadounidenses en China y facilite nuevos acuerdos comerciales entre ambas potencias.
Según reveló el Financial Times, el mandatario republicano aseguró durante el vuelo presidencial hacia China que su “primer pedido” al líder chino será que “abra” la economía del país para que las compañías estadounidenses puedan operar con menos restricciones regulatorias y mayor margen de crecimiento.
“Le pediré al presidente Xi… que ‘abra’ China”, escribió Trump en Truth Social. El presidente agregó que esa sería “su primera petición” apenas comenzaran las reuniones oficiales en Beijing.
Trump llega con Musk, Cook, Huang y Wall Street
La composición de la delegación estadounidense funcionó como un mensaje político y económico por sí mismo. Entre los empresarios presentes aparecen figuras centrales del poder corporativo de Estados Unidos:
- Elon Musk, líder de Tesla y SpaceX.
- Tim Cook, director ejecutivo de Apple.
- Jensen Huang, CEO de Nvidia.
- Larry Fink, titular de BlackRock.
- Stephen Schwarzman, fundador de Blackstone.
La presencia de Musk y Cook refleja el interés de Washington por garantizar condiciones más favorables para las grandes tecnológicas estadounidenses en el mercado chino, mientras que la participación de Fink y Schwarzman expone el objetivo de Wall Street de ampliar su acceso financiero dentro de la segunda economía del mundo.
La inclusión de Huang también tiene un fuerte componente estratégico. Nvidia quedó en el centro de las disputas entre Washington y Beijing por la exportación de chips avanzados e inteligencia artificial, dos sectores considerados clave para la competencia tecnológica global.
El posible gran acuerdo: Boeing y las compras chinas
Trump también confirmó la participación de Kelly Ortberg, director ejecutivo de Boeing, en una señal de que uno de los anuncios centrales de la visita podría ser una importante compra china de aviones estadounidenses.
El acuerdo tendría un fuerte valor político para ambas partes: Trump podría mostrar resultados concretos para la industria manufacturera estadounidense, mientras Beijing enviaría una señal de distensión comercial después de meses de tensiones arancelarias.
Durante las reuniones, ambas delegaciones también discutirán posibles incrementos en las compras chinas de productos estadounidenses y mecanismos para reducir fricciones comerciales entre las dos economías más grandes del planeta.
El trasfondo de la guerra comercial
La visita ocurre en un contexto todavía marcado por la guerra comercial entre Estados Unidos y China.
El año pasado, Estados Unidos aumentó aranceles sobre productos chinos, lo que llevó al gobierno de Xi a responder con restricciones sobre exportaciones de tierras raras, minerales fundamentales para la industria tecnológica y militar.
Aunque ambos países acordaron una tregua comercial temporal tras el encuentro entre Trump y Xi en Corea del Sur el año pasado, las tensiones nunca desaparecieron completamente.
Empresas estadounidenses y grupos como la Cámara de Comercio de Estados Unidos continúan denunciando que China mantiene políticas de intervención estatal que favorecen a las compañías locales y dificultan la competencia extranjera.
En ese contexto, Trump busca convertir la relación bilateral en una negociación económica permanente: más acceso para las empresas estadounidenses a cambio de estabilidad comercial y menor presión arancelaria.
Taiwán, Irán y la dimensión geopolítica
Aunque la economía domina la agenda, el viaje también está atravesado por temas sensibles de seguridad internacional.
Trump llegó acompañado por el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario del Tesoro Scott Bessent, el representante comercial Jamieson Greer y el secretario de Defensa Pete Hegseth, quien se convirtió en el primer jefe del Pentágono en participar en una visita presidencial a China.
Antes de partir, Trump también adelantó que discutirá con Xi las ventas de armas estadounidenses a Taiwan, una declaración que generó preocupación en Taipei y entre aliados asiáticos de Washington.
La cumbre además se desarrolla bajo la sombra del conflicto con Irán y del impacto económico que la guerra en Medio Oriente provocó sobre los precios del petróleo y la inflación estadounidense.
Una cumbre diseñada para mostrar poder económico
Trump fue recibido en Beijing con honores militares, una banda ceremonial y cientos de jóvenes chinos agitando banderas de ambos países.
Las reuniones oficiales comenzarán en el Gran Salón del Pueblo, junto a la plaza Tiananmen, e incluirán una cena de Estado y nuevas rondas de negociaciones antes del regreso del mandatario estadounidense a Washington.
Pero detrás del protocolo diplomático, el mensaje central de la visita parece definido: Trump quiere convencer a Xi Jinping de abrir más sectores de la economía china a las grandes corporaciones estadounidenses y transformar la relación entre ambas potencias en un vínculo guiado, antes que nada, por los negocios.
