
El próximo sábado el peronismo santafesino tendrá una nueva cita que, más allá de la formalidad partidaria, aparece como uno de los encuentros políticos más importantes de cara a la construcción del camino hacia 2027. Bajo el lema «El futuro se construye en unidad», dirigentes de los distintos sectores internos volverán a reunirse en la sede provincial del Partido Justicialista para intentar avanzar en una discusión que atraviesa a toda la fuerza: cómo reconstruir una alternativa política capaz de volver a disputar el gobierno de Santa Fe.
Se trata del segundo encuentro del año. El primero, realizado a comienzos de mayo, tuvo un carácter más reservado y estuvo centrado en volver a sentar a todos los sectores en una misma mesa después de meses de tensiones internas y diferencias políticas. Esta vez, la convocatoria busca mostrar una apertura mayor y enviar una señal hacia adentro y hacia afuera del partido: la necesidad de construir un espacio amplio, participativo y con vocación de gobierno.
Pero detrás de esa convocatoria también aparece una discusión mucho más profunda.
La unidad dejó de ser una consigna para convertirse en una necesidad
Durante años el peronismo santafesino convivió con diferencias internas, liderazgos enfrentados y estrategias electorales contrapuestas. Algunas veces esas disputas pudieron resolverse dentro de la estructura partidaria. Otras veces derivaron en rupturas, candidaturas por afuera o construcciones paralelas que terminaron debilitando al espacio.
Sin embargo, el escenario actual parece diferente.
La crisis económica, la caída del poder adquisitivo, el aumento de la pobreza, las dificultades que atraviesan sectores productivos y el creciente malestar social vuelven a colocar sobre la mesa una pregunta que atraviesa a buena parte de la dirigencia justicialista: si no es ahora, ¿cuándo?
Por eso, dentro de distintos sectores del peronismo comenzó a fortalecerse una idea cada vez más firme: quien tenga convicciones peronistas, pero decida construir por fuera de un esquema de unidad, terminará favoreciendo indirectamente la continuidad política del oficialismo provincial.
No se trata solamente de una discusión electoral.
Se trata de comprender que una oposición fragmentada difícilmente pueda convertirse en una alternativa de gobierno frente a una estructura oficialista que hoy concentra poder institucional, territorial y legislativo.
Un desafío que va más allá de los nombres
Las diferencias siguen existiendo. Conviven dentro del PJ sectores referenciados en Omar Perotti, Marcelo Lewandowski, Agustín Rossi, Eduardo Toniolli, Leandro Busatto, Armando Traferri y otros espacios territoriales con visiones distintas sobre el presente y el futuro del partido.
Pero el desafío que aparece por delante parece superar los nombres propios.
La discusión pasa por definir si el peronismo será capaz de construir una propuesta común que permita canalizar las distintas miradas sin romper la unidad política.
El propio presidente del PJ santafesino, Guillermo Cornaglia, fue contundente al advertir que una fractura podría tener consecuencias difíciles de revertir. «Si el justicialismo se divide, estamos condenados al fracaso», sostuvo en la previa de la convocatoria.
La frase no parece exagerada. La experiencia reciente muestra que cada vez que el peronismo llegó dividido a una elección importante terminó debilitando sus posibilidades competitivas.
La sociedad también espera respuestas
La discusión interna tampoco puede quedar aislada del contexto social.
Mientras la dirigencia debate mecanismos partidarios, reglas internas y estrategias electorales, miles de santafesinos enfrentan dificultades económicas cada vez más profundas. Hay trabajadores que no llegan a fin de mes. Jubilados que pierden poder adquisitivo. Comercios que venden menos. Pequeños productores que enfrentan mayores costos. Y jóvenes que observan con desconfianza a una dirigencia política que muchas veces parece más concentrada en resolver sus diferencias internas que en construir soluciones para la sociedad.
Por eso, varios referentes del justicialismo sostienen que la unidad no debe ser únicamente un acuerdo entre dirigentes. Debe transformarse en una herramienta para ofrecer una propuesta seria, competitiva y capaz de interpretar las demandas de quienes hoy sienten que la política se encuentra demasiado lejos de sus problemas cotidianos.
El desafío de dejar los egos de lado
La convocatoria del sábado aparece entonces como algo más que una reunión partidaria. Es una oportunidad para demostrar si el peronismo santafesino aprendió de sus errores recientes o si volverá a repetir discusiones que ya conoce demasiado bien.
La unidad no implica pensar todos igual. Tampoco significa eliminar las diferencias. Implica construir un camino común donde las distintas miradas encuentren un punto de encuentro superior.
Porque si algo muestra la historia del peronismo santafesino es que sus mejores momentos electorales llegaron cuando logró sintetizar diversidad, amplitud y vocación de poder. Y quizás hoy existan incluso más razones que en otras etapas para intentar ese camino.
La crisis económica, el desgaste social y las demandas de amplios sectores de la sociedad parecen reclamar una oposición sólida y organizada.
El sábado será apenas una reunión.
Pero también puede transformarse en el primer paso de una discusión mucho más importante: si el peronismo está dispuesto a dejar de mirarse a sí mismo para volver a mirar a los santafesinos.
