Milei y las encuestas: no está bien, pero tampoco tan mal

Milei y las encuestas: no está bien, pero tampoco tan mal
Milei y las encuestas: no está bien, pero tampoco tan mal

Entre la marea de datos provenientes de los últimos sondeos de opinión pública, puede resultar difícil encontrar indicadores muy favorables al gobierno de Javier Milei. Sin embargo, una comparación de los niveles de aprobación de las últimas presidencias al cumplirse dos años y medio de sus respectivas gestiones resulta llamativamente alentadora para el actual jefe de Estado, quien ya ha adelantado que buscará su reelección el año próximo.

En julio último, Milei cumplió precisamente 31 meses desde que llegó a la Casa Rosada y el nivel de aprobación de su gobierno alcanza hoy el 36,8%, de acuerdo con la consultora Synopsis. Es cierto que su nivel de desaprobación es mayor, por cuanto ronda el 51,8% según la misma encuesta, concluida el 12 de julio entre 1359 casos relevados en el ámbito nacional. Y también es verdad que su aprobación actual dista de los más de 60 puntos que llegó a tener en abril de 2024.

No obstante, la comparación respecto de los rangos de aprobación de los gobiernos de Alberto Fernández y de Mauricio Macri al arribar al mes 31 de gestión favorece claramente a Milei. Hacia julio de 2020, el desempeño de Macri cosechaba una aprobación del 28,8%, exactamente ocho puntos menos que la de Milei en la actualidad. Y hacia julio de 2022, la gestión gubernamental de Fernández solo alcanzaba el 15,4% de apoyo; esto es, mucho menos de la mitad de la adhesión que hoy ostenta Milei.

En el mismo sondeo, sobresale otro indicador positivo para el gobierno de La Libertad Avanza (LLA) en el contexto de su particular batalla cultural contra las políticas inflacionarias. Se trata de un dato que, curiosamente, no se refiere a niveles de imagen o de intención de voto, pero que puede interpretarse como un respaldo a la vocación del Presidente por ponerle fin a uno de los principales flagelos económicos de las últimas dos décadas.

La evaluación de desempeño del Gobierno (Perspectiva histórica)

Frente a la pregunta “¿Qué tan dispuesto estás a tolerar algo más de inflación si ello te permite percibir algo más de ingresos?“, menos de una de cada tres personas encuestadas (29,4%) afirmó que estaría ”totalmente o bastante dispuesta”. En cambio, el 50% respondió que estaría “poco o nada dispuesto” a tolerar algo más de inflación, aunque eso le permitiera gozar de un ingreso algo mayor.

Ese mensaje puede leerse como un respaldo al programa económico del Gobierno, en momentos en que el Poder Ejecutivo busca que el Congreso sancione la proyectada reforma de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina que, entre otras cosas, prevé la prohibición de la financiación del Estado a través de la emisión monetaria.

El dato paradójicamente negativo para el gobierno de Milei es que la inflación ha descendido fuertemente en el ranking de preocupaciones principales de la población. Aun cuando nadie puede esgrimir que un aumento del orden del 2% mensual sea poco, la inflación apenas ocupa hoy el quinto puesto entre los problemas más citados, con el 8,4% de menciones, según la encuesta de Synopsis. El primer lugar lo ocupa la corrupción, con el 33,4% de menciones; es seguida por el desempleo, con el 28%; la educación, con el 10,5%, y la inseguridad, con el 9,2%. En otras palabras, el éxito parcial contra el flagelo de la inflación podría no asegurarle por sí solo a Milei un triunfo electoral.

Trade off entre niveles de inflación y niveles de ingreso

En cuanto a las principales inquietudes económicas de los argentinos, los bajos salarios ocupan el primer puesto, con el 43,3% de citas, seguidos por la falta de empleo, con el 21,1%, y los altos impuestos, con el 16,4%.

La falta de señales acerca de una recuperación económica, medida en términos de mayor consumo y mayor creación de empleos, comienza a impacientar no solo a la población en general, sino también a algunos dirigentes del oficialismo, especialmente a quienes buscan hacer pie en el conurbano bonaerense y deben escuchar las quejas tanto de trabajadores que apoyaron en las urnas a Milei en 2023 como de comerciantes y representantes de la industria.

No escapa a ninguno de esos dirigentes que, allá por abril de este año, el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, auguró que los próximos 18 meses iban a ser “los mejores que la Argentina haya visto en las últimas décadas”. La espera puede transformarse en esperanza, pero también en desesperanza.

Frente a los cuestionamientos sobre la falta de recuperación de la economía, el economista y senador nacional de LLA Agustín Monteverde afirmó que, pese a que los indicadores de optimismo puedan haber caído, “el consumo total, medido por el Indec, se encuentra en su máximo histórico”. Explicó que un problema focalizado especialmente en los sectores de clase media baja es que una mayor parte de sus ingresos deben ser destinados a servicios como la luz, el gas, el agua, el teléfono e internet, por los que mucha gente preferiría no tener que pagar más. Pero sostuvo que el sinceramiento derivado del reacomodamiento de precios relativos ya está hecho en gran medida, por lo que, según su pronóstico, la ecuación tenderá a mejorar.

En los últimos días, ha comenzado a escucharse en círculos del oficialismo una explicación que dista de considerarse novedosa en la historia política argentina contemporánea: “gobernamos bien, pero comunicamos mal”. Se trata de un planteo que se suele relacionar con las dificultades del Gobierno para persuadir a la ciudadanía de que la economía está mucho mejor de lo que los ciudadanos creen. Creció luego del fracaso parcial del tratamiento del proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada en el Senado, donde el partido gobernante debió amputarle a la iniciativa partes sustanciales, como el capítulo que habilitaba la compra por parte de extranjeros de más porciones de tierras que las autorizadas actualmente, para que fuera finalmente aprobada. En tal sentido, la jefa del bloque de senadores de LLA, Patricia Bullrich, pareció quejarse de que no se le explicó debidamente a la sociedad la importancia del proyecto. Así, el tema de la “extranjerización” de tierras -probablemente, una denominación equivocada, por cuanto la compra de un campo por una empresa extranjera no convierte a ese territorio en un pedazo de otro país- tapó otras cuestiones muy relevantes, tales como la aceleración de los desalojos frente a ocupaciones ilegales.

La expresión “gobernamos bien pero comunicamos mal” ha sido caracterizada por el especialista en comunicación política Mario Riorda como una mentira y una falacia argumental. Según su análisis, la comunicación gubernamental no sirve para adornar una gestión, sino para generar acuerdos políticos viables y la aceptación social de las políticas. Si la comunicación política falla, no se construyen consensos y, sin consensos mutuos, no puede existir una gestión exitosa ni legitimidad real en democracia.

Como alguna vez señaló el veterano líder brasileño Fernando Henrique Cardoso, gobernar es explicar. Ergo, si no se explica bien, se está gobernando mal.