
Desde la Guía Estratégica para el Agro de la Bolsa de Comercio de Rosario analizaron el escenario climático esperado para los próximos meses y plantearon la necesidad de ajustar las estrategias productivas. Según explicó el ingeniero Cristian Russo, las proyecciones consideradas por el organismo muestran un fuerte incremento de las precipitaciones hacia fin de año en la región núcleo.
El fenómeno de El Niño vuelve a ocupar un lugar central en la planificación del sector agropecuario ante la perspectiva de un escenario con mayores precipitaciones durante los próximos meses. Frente a los pronósticos y advertencias que circulan, especialistas de la Bolsa de Comercio de Rosario plantean abordar el panorama desde los datos y comenzar a adaptar las decisiones productivas.
En su columna para Minuto Rafaela, Gustavo Gigena analizó la información difundida por la Guía Estratégica para el Agro (GEA) y puso el foco en una mirada que se aleja de los titulares alarmistas: un escenario de abundantes lluvias también puede representar una oportunidad para mejorar los rendimientos agrícolas, siempre que exista una planificación adecuada.
La clave estará en prepararse para trabajar con más agua, ventanas operativas potencialmente más reducidas y la necesidad de revisar decisiones como las fechas de siembra, los ciclos de los cultivos y la densidad de implantación.
Las proyecciones: más lluvias hacia diciembre
Cristian Russo, jefe de la Guía Estratégica para el Agro de la Bolsa de Comercio de Rosario, explicó que las estimaciones utilizadas por el organismo permiten dimensionar cómo podría expresarse El Niño en la región núcleo.
«Lo que nosotros queremos es mostrar lo que se viene para poder prepararnos sin exagerar y con todos los datos que podamos tener», señaló Russo.
Según detalló el especialista durante la entrevista, considerando el efecto de El Niño, las proyecciones manejadas indican precipitaciones superiores a los valores medios durante el último trimestre del año.
«En octubre para la región núcleo estaría lloviendo un 30% por encima de la media; en noviembre, un 70% por encima de la media; y en diciembre, donde pega la patada de El Niño, 90% más de lluvia», explicó.
Diciembre aparece así como uno de los meses que requerirá especial atención, no solamente por los volúmenes proyectados sino porque coincide con un período de intensa actividad agrícola.
El desafío: transformar más agua en más producción
Para el sector productivo, el escenario tiene una doble lectura. Las lluvias abundantes pueden generar dificultades operativas y, de presentarse eventos intensos y focalizados, también situaciones de anegamiento. Pero una mayor disponibilidad hídrica puede convertirse al mismo tiempo en una ventaja para los cultivos.
«Es más agua que hay que traducirla en más kilos», sintetizó Russo.
La disponibilidad de humedad es uno de los factores determinantes para los rendimientos, por lo que el desafío será aprovecharla mediante decisiones agronómicas ajustadas al escenario climático.
En ese sentido, desde la Bolsa de Comercio de Rosario recomiendan «cambiar el chip» y revisar estrategias que habitualmente se utilizan bajo condiciones diferentes.
Maíz: analizan adelantar las fechas de siembra
Uno de los cultivos que aparece con posibilidades de aprovechar especialmente un escenario de mayor disponibilidad de agua es el maíz.
Russo explicó que entre los productores ya se analiza la posibilidad de adelantar la implantación del maíz temprano.
«Se está hablando muchísimo de adelantar la siembra del maíz temprano. Le ganamos una o dos semanas y le escapamos a la ola de calor que seguramente en enero vamos a tener», sostuvo.
La adaptación no se limitaría a las fechas. También deberán evaluarse aspectos como los grupos de madurez, la duración de los ciclos y, en determinados planteos, las densidades de siembra.
Más lluvias también significan menos días disponibles para trabajar
La abundancia de precipitaciones no implica únicamente mejores reservas de agua en los perfiles. Para los productores también puede significar mayores dificultades para ingresar a los lotes y cumplir con los calendarios previstos.
«El calendario de labores hay que acomodarlo para ser muy eficiente porque con más lluvias vamos a tener una ventana de trabajo que va a ser más chica y también condiciones de trabajo que van a ser más complicadas», advirtió Russo.
Por ese motivo, la preparación anticipada adquiere una importancia central: organizar labores, ajustar fechas y contemplar escenarios alternativos podría marcar diferencias al momento de aprovechar el potencial productivo.
Prepararse sin caer en el alarmismo
Durante su análisis, Gustavo Gigena destacó la importancia de recurrir a fuentes respaldadas por información técnica y científica frente a la circulación de pronósticos de fuerte impacto.
La mirada propuesta no desconoce los riesgos que pueden representar las precipitaciones excesivas. Tormentas severas o lluvias concentradas pueden generar problemas puntuales y anegamientos, pero esos escenarios no necesariamente deben generalizarse a toda una región.
De acuerdo con lo señalado durante la entrevista, Russo destacó además el nivel de preparación que está mostrando el sector frente al fenómeno climático y aseguró que es la primera vez en dos décadas que observa tantas medidas anticipadas ante un episodio de El Niño.
Para el interior productivo, el desafío será entonces gestionar el riesgo y, al mismo tiempo, aprovechar una eventual mayor disponibilidad de agua para intentar transformarla en mejores rendimientos y producción.
La planificación agronómica, el seguimiento de los pronósticos y la actualización permanente de la información serán determinantes a medida que se acerquen los meses en los que se espera una mayor expresión del fenómeno.
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