
La imaginación desatada de Salman Rushdie vuelve a hechizar a sus lectores en los dos cuentos y las tres novelas cortas que forman La penúltima hora, por desgracia, en una traducción muy alejada del dialecto argentino. Como siempre, las ficciones de Rushdie ofrecen de todo –aventura, espanto, pena, miedo, risa, fantasía–, siempre con una profundidad que produce vértigo. Geográficamente, Rushdie recorre aquí países en los que vivió como Inglaterra o Estados Unidos y despliega su experiencia de exilado en cinco historias barrocas que, como bien indica el título, están relacionadas con la cercanía de la muerte.
Rushdie maneja una sorprendente variedad de recursos literarios. En todos estos textos, adelanta algún elemento ya sea en el título o en el primer párrafo, como si quisiera obedecer una de las reglas básicas de Edgar Allan Poe. Pero, acto seguido, traiciona ese primer aviso de alguna forma. Esa vuelta inesperada es parte de su posición contra el pensamiento binario europeo, que divide el mundo en dos: bien vs. mal; masculino vs. femenino; razón vs. emoción, vida vs. muerte. Un ejemplo entre muchos es la explicación que da el narrador del nombre Majnoo en “La intérprete de Kahani”: “el nombre significa ‘colado’ o ‘perdidamente enamorado’, cualidades que podrían considerarse buenas pero también puede significar ‘poseso’ o incluso ‘loco’. Lo cual ya no es tan bueno”. En ese fragmento, la contradicción intrínseca de la vida humana se combina con la ironía de los narradores, uno en tercera y uno en primera persona, y también con el diálogo que establecen ambos con quienes leen. Por otra parte, la ironía es una constante en Rushdie, sobre todo, en temas como la riqueza o la religión cuando alguien la utiliza para conseguir poder. En La penúltima hora, Rushdie usa muchísimos recursos todo tipo, incluso a nivel de la gráfica. Por ejemplo, en esa misma novela corta describe en dos carillas las características grandilocuentes de una boda de ricos, utilizando palabras escritas con mayúsculas. Con solo pasar la vista sobre el texto, el efecto es poderoso. Esas páginas se ríen a carcajadas de la ostentación y el lujo exagerados de los personajes.
Como siempre, Rushdie no pinta un mundo inexistente ni fantasioso: narra el nuestro, pero con un toque de magia que recuerda a Las mil y una noches. El cuento que abre la colección, “En el sur”, y el que la cierra, “El viejo de la piazza”, describen ambos la vejez, esa cercanía específica de la muerte, esa penúltima hora, y lo hacen con un desparpajo amargo y divertido en el que se reconoce la energía tensa de las mejores novelas del autor y se respira su capacidad infinita para llevar a sus lectores hacia el tapiz maravilloso, lleno de gozo y tristeza, que él construye solo con el hechizo de sus palabras.
La penúltima hora
Salman Rushdie
Trad.: Luis Murillo Fort
Random House
272 páginas
$ 43.499
