“Con mucha alegría podemos ya anunciar que en 2027 tendremos una nueva campaña”. Con esa frase, Daniel Lauretta, director científico de la misión Talud Continental IV y V Conicet-Schmidt Ocean Institute, confirmó en exclusiva a LA NACION que el equipo argentino que el año pasado cautivó a millones de personas mostrando en vivo las profundidades del Atlántico Sur volverá a embarcarse en una nueva expedición.
La misión Talud Continental V explorará por primera vez los cañones submarinos Ameghino y Almirante Brown, frente a la costa de Chubut, una región prácticamente desconocida desde el punto de vista biológico. Será en abril próximo, aunque el cronograma aún podría adelantarse a febrero.
La noticia tiene un carácter excepcional. El Schmidt Ocean Institute, una de las organizaciones más prestigiosas del mundo dedicadas a la exploración oceánica, recibe propuestas de investigadores de numerosos países y suele distribuir sus recursos entre distintos proyectos internacionales. Sin embargo, el éxito científico de la campaña Talud Continental IV y el fenómeno social que despertó en la Argentina llevaron a la institución a volver a apostar por el mismo equipo en un plazo inusualmente corto, algo poco frecuente en este tipo de iniciativas.
“Desde el punto de vista científico fue un éxito, obtuvimos todos los datos que queríamos. Pero además ocurrió algo inesperado, y fue que muchísima gente se enganchó a mirar el fondo del mar”, recordó Lauretta. La repercusión superó ampliamente los antecedentes del instituto. Mientras que transmisiones anteriores solían reunir cientos de espectadores simultáneos, durante la campaña argentina llegaron a registrarse picos cercanos a las 92.000 personas conectadas al mismo tiempo observando las inmersiones en directo.
Las transmisiones en vivo desde el fondo del mar mostraron por primera vez para el gran público imágenes de corales de aguas frías, anémonas, estrellas de mar, peces de profundidad y otros organismos que habitan a miles de metros bajo la superficie. Además, los investigadores identificaron más de 40 especies potencialmente nuevas para la ciencia, varias de las cuales ya comenzaron a ser formalmente descriptas.
La nueva expedición buscará avanzar sobre una región aún menos conocida. Si Talud Continental IV se concentró en el cañón Mar del Plata, ahora el foco estará puesto en los sistemas de cañones Ameghino y Almirante Brown. Allí los científicos esperan descender hasta profundidades de entre 4500 y 5000 metros y observar ambientes que, según afirman, nunca fueron explorados con este nivel de detalle.
–¿Qué representa para ustedes poder volver a trabajar con el Schmidt Ocean Institute tan poco tiempo después de la campaña anterior?
–Estamos muy contentos. La campaña anterior fue un éxito científico porque obtuvimos todos los datos que buscábamos, pero además tuvo la particularidad de que muchísima gente siguió las transmisiones. Eso también fue muy importante para el instituto. Estaban tan conformes con los resultados que, aprovechando algunos cambios en su cronograma, surgió la posibilidad de volver a trabajar juntos. Para nosotros es una enorme alegría poder anunciar esta nueva expedición.
–¿Qué diferencia tendrá esta campaña respecto de la realizada frente a Mar del Plata?
–Vamos a trabajar en otro sistema de cañones submarinos, los cañones Ameghino y Almirante Brown, frente a Patagonia. Lo interesante es que, hasta donde sabemos, nadie realizó estudios biológicos en esas zonas profundas. La próxima vez, espero, vamos a ver fauna que nadie vio. Vamos a poder comparar cuánto se parece a lo que encontramos en el cañón Mar del Plata y cuánto hay de diferente.
–¿Por qué eligieron justamente los cañones submarinos?
–Porque mundialmente se sabe que son zonas de alta biodiversidad. Cuando uno tiene tiempo limitado de barco, intenta ir a los lugares donde supone que va a encontrar la mayor cantidad de especies. Los cañones tienen paredes, valles, cambios bruscos de profundidad y muchos ambientes distintos concentrados en un área relativamente pequeña. Eso aumenta las probabilidades de encontrar fauna diversa y también especies nuevas para la ciencia. Si uno trabaja en fondos completamente planos, la fauna suele ser mucho más homogénea. En cambio, los cañones generan una gran variedad de hábitats y por eso funcionan como verdaderos oasis de biodiversidad en el océano profundo.
–La campaña anterior permitió identificar decenas de organismos potencialmente nuevos. ¿Qué expectativas tienen ahora?
–Nuestra estimación conservadora durante la expedición pasada era de unas 40 especies nuevas. Hoy ya tenemos seis publicadas y varias más en proceso de descripción. Yo creo que el número final va a ser bastante mayor. Y cuando uno va a un lugar completamente nuevo, la probabilidad de encontrar especies desconocidas aumenta mucho. Por eso esperamos encontrar al menos una cantidad similar de especies nuevas para la ciencia.
–La nueva campaña buscará llegar todavía más profundo. ¿Qué tan complejo es trabajar a esas profundidades?
–Es técnicamente muy complejo. Primero porque se necesita un barco oceanográfico de estas características, que son recursos muy costosos y escasos. Después está toda la tecnología necesaria para trabajar en aguas profundas. En esta oportunidad vamos a volver a utilizar el ROV SuBastian, que puede llegar hasta los 4500 metros, pero además vamos a contar con vehículos autónomos submarinos capaces de descender hasta los 6000 metros. Esperamos poder obtener imágenes de zonas más profundas que las exploradas hasta ahora y observar fauna que nunca fue registrada.
–¿Por qué cree que las transmisiones tuvieron una repercusión tan extraordinaria?
–Creo que hubo varios factores. Por un lado, era algo completamente nuevo para la Argentina. Pero también hay un interés genuino por la naturaleza. La gente veía animales extraños, paisajes increíbles y sentía que eran propios, que pertenecían a nuestro mar. Además se generó algo muy particular: muchas personas nos acompañaban mientras trabajaban, estudiaban o hacían guardias nocturnas. Sentían que estaban viajando con nosotros. Recibimos mensajes de docentes que seguían las transmisiones con sus alumnos, de familias enteras mirando las inmersiones y de personas que nos contaban que nos dejaban de fondo mientras trabajaban. Creo que se produjo una conexión muy fuerte entre la sociedad y la exploración científica. La gente sintió que estaba participando del descubrimiento.
