Más de un centenar de personas se reunieron en Dock Sud, partido de Avellaneda, para presenciar el estreno de Cabo Verde en su primera participación en una Copa del Mundo. Integrante del Grupo H junto con España, Arabia Saudita y Uruguay, el seleccionado caboverdiano debutó este lunes frente a los ibéricos en el primer partido mundialista de su historia y lo hizo con un empate ante uno de los grandes candidatos a llevarse el título.
“Cabo Verde jugando su primer Mundial es como cerrar un círculo: el círculo de lucha y de recuperación de tantos derechos perdidos. Sería muy lindo que conocieran la historia de nuestra libertad y de por qué hoy el archipiélago es una república independiente. Para Cabo Verde, el Mundial es mucho más que unos partidos de fútbol”, expresó ante LA NACION, Silvia Noemí Almeida, jubilada de 67 años.
Y suma: “Soy hija y nieta de caboverdianos por ambas partes y con mucho orgullo llevo la sangre mitad argentina y mitad caboverdiana. Soy una de las fundadoras de esta institución. Acá me crié, acá crecí con mis amigas y acá conocí al padre de mis hijos”.
Muchos llegaron vestidos con camisetas de Cabo Verde confeccionadas en Dock Sud; otros, con la bandera nacional del país. Antes del partido sonaba música del archipiélago mientras la gente se preparaba comprando panchos, vino y cerveza para estar lista para el encuentro.
“Hoy es una locura. Pensar que un país tan chico juegue un Mundial es espectacular. Para nosotros, Cabo Verde ya ganó. Es un país muy pobre, sin recursos naturales, más allá del mar. Que esté en un Mundial ya es una hazaña. Poder verlo en una Copa del Mundo, 50 años después de la independencia, es algo que parecía imposible”, sostiene Javier Andrigo, presidente de la Sociedad de Socorros Mutuos Unión Caboverdiana de Dock Sud.
Muchos descendientes caboverdianos de otras colectividades, además de vecinos cercanos a la colectividad y oriundos de Dock Sud, se acercaron para vivir una jornada histórica.
“Yo soy de la colectividad caboverdiana de Ensenada. Mi vida pasaba por ir al club cuando era chiquito, con mi abuelo y mi abuela, en las fiestas, en las juntadas, las cachupas (plato tradicional caboverdiano). La clasificación de Cabo Verde fue una forma de volver, para muchos, a la colectividad”, afirma Pablo Journé, abogado de 49 años e hijo de una inmigrante caboverdiana.
Y añadió: “La verdad, me llena de emoción porque es un pendiente y también es un gran motivo de celebración”.
La Sociedad de Socorros Mutuos Unión Caboverdiana de Dock Sud es una de las tres instituciones que mantienen activa a la colectividad en la Argentina. “Hoy tenemos tres instituciones activas: la Asociación Cultural y Deportiva Caboverdiana de Ensenada, fundada en 1927, que es la entidad más antigua de la diáspora; la Sociedad de Socorros Mutuos Unión Caboverdiana de Dock Sud; y el Círculo de Descendientes Caboverdianos de Mar del Plata”, explicó Miriam Victoria Gomes, referente de la comunidad afrodescendiente y caboverdiana en la Argentina, titular de la primera Cátedra África en América Latina de la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y activista.
En la misma línea, Andrigo agrega: “Junto con la institución de Ensenada, somos las dos más antiguas de la diáspora caboverdiana en el mundo y también las dos instituciones afro más antiguas de la Argentina que siguen activas. La nuestra fue fundada el 13 de agosto de 1932”.
Los caboverdianos comenzaron a llegar a la Argentina hacia fines del siglo XIX, empujados por la miseria, las sequías y el hambre en las islas. “En Cabo Verde pueden pasar diez años sin llover”, relata Gomes. “El imperio portugués fue muy despiadado con nuestro pueblo. Nos dejaban morir de hambre. Y cuando se abolió la esclavitud, el interés económico en las islas desapareció. Portugal nos abandonó. Entonces la gente empezó a buscar otros destinos”.
Muchos encontraron refugio en los puertos argentinos: Bahía Blanca, Mar del Plata, Ensenada y Dock Sud. “Acá se conseguía trabajo, sobre todo en la industria marítima. Durante décadas, los caboverdianos trabajaron embarcados, mientras nuestras madres se encargaban de criarnos. La figura de la mujer fue central: sostenían el hogar solas, con muchísimo sacrificio”, recordó Gomes.
“Es una emoción inexplicable. Lo que se siente al ver a Cabo Verde llegar a un Mundial no se puede describir. Te vienen a la cabeza tus abuelos, tus tíos. Yo tengo parientes allá. Es muy fuerte. Y ver el salón lleno de gente acompañando a la selección de Cabo Verde es muy emocionante también”, dijo Carina Alejandra Cancado, de 54 años, niñera e integrante de la colectividad caboverdiana de Dock Sud.
“Solo quiero decir dos cosas: ya no hay panchos y vamos Cabo Verde”, grita Javier Andrigo, presidente de la institución de Dock Sud, al comienzo del entretiempo. “Olé Olé, Cabo Verde, Cabo Verde”, contesta el salón.
Durante el descanso suena Nos Ora Dja Txiga (Nuestra hora llegó), una de las canciones de apoyo a la selección caboverdiana, junto con otros temas habituales entre los hinchas. Entre las letras que se escuchan: “Nunca tem medo de gigante” (No tenemos miedo de los gigantes) y “Nos vai lutar, eh eh Cabo Verde, nos é Cabo Verde” (Vamos a luchar, eh eh Cabo Verde, nosotros somos Cabo Verde).
En la pantalla gigante aparece la leyenda “Dock Sud City Cape Verdean Fan Fest”. Mientras el marcador sigue 0 a 0, los aficionados mantienen intacta la ilusión.
“Lo vi muy bien parado a Cabo Verde. Hay que tener en cuenta que está jugando contra España, una selección muy reconocida. Creo que, en comparación con otros equipos, se planta muy bien en la cancha”, afirma Eduardo Jorge Silva, de 67 años.
Y agrega: “Es una emoción muy grande. Cabo Verde es un sentimiento. Vengo de raíces caboverdianas y acá estamos. Ver que todavía hay muchos caboverdianos en la Argentina también emociona mucho”.
El pequeño archipiélago situado frente a las costas de Senegal se clasificó por primera vez a una Copa del Mundo al vencer 3-0 a Suazilandia, el 13 de octubre de 2025, en Praia. La clasificación llegó tras finalizar en el primer lugar del Grupo D de las eliminatorias africanas.
Con aproximadamente 525.000 habitantes y ubicado en el puesto 64 del ranking FIFA, Cabo Verde se convirtió, después de Islandia, en uno de los países menos poblados en clasificarse para un Mundial.
“Si bien son pocos los que viven en Cabo Verde, se estima que entre dos y tres millones de caboverdianos residen fuera del país. Es una diáspora muy grande. La Federación hizo un trabajo intenso al rastrear descendientes en todo el mundo, nacionalizarlos y convocarlos a la selección”, afirma el presidente de la institución.
