Por qué los estadios nuevos y remodelados de Estados Unidos excluyen a los aficionados más fieles del deporte

Por qué los estadios nuevos y remodelados de Estados Unidos excluyen a los aficionados más fieles del deporte
Por qué los estadios nuevos y remodelados de Estados Unidos excluyen a los aficionados más fieles del deporte

Desde el año 2000, los estadios y arenas construidos en Estados Unidos eliminaron cerca de 90.000 butacas de capacidad general, según un análisis de CBS News.

La tendencia no responde a una caída en la demanda, sino a una estrategia deliberada de las franquicias deportivas: reemplazar asientos populares por suites, palcos y zonas premium que generan ingresos que los equipos no están obligados a compartir con el resto de la liga.

El costo de asistir a un evento deportivo en vivo se disparó un 123% desde el inicio de siglo, de acuerdo con el Índice de Precios al Consumidor, un aumento que supera ampliamente la inflación general.

En la NFL, los precios promedio de las entradas casi se triplicaron entre 2015 y 2025, con un alza del 173% ajustado por inflación. El patrón se repite en la NBA, la MLB y la NHL: menos asientos generales, más espacios de lujo y precios más altos en todas las categorías.

Los estadios construidos en Estados Unidos eliminaron cerca de 90.000 butacas de capacidad general desde el año 2000 (Jay Biggerstaff-USA TODAY Sports)

El nuevo estadio de los Bills: cuesta USD 2.200 millones, tiene 11.500 butacas menos y fue financiado con fondos públicos

El caso del Highmark Stadium de los Buffalo Bills condensa el fenómeno. El recinto, inaugurado en junio de 2026, es el más pequeño de la NFL: 60.108 localidades, un 16% menos que las 71.608 del antiguo estadio.

Cuenta con dos niveles de suites y vendió más de 3.600 licencias de palco por USD 65 millones. Las entradas para la noche inaugural se listaron a USD 663 en el mercado de reventa.

La construcción costó USD 2.200 millones y recibió USD 850 millones en subsidios públicos, la mayor contribución estatal y municipal jamás destinada a una instalación de la NFL.

El estado de Nueva York aportó USD 600 millones y el condado de Erie sumó USD 250 millones. “Nadie construyó un estadio nuevo y ofrecido entradas más accesibles después de inaugurarlo. De hecho, ocurre exactamente lo contrario”, afirmó Victor Matheson, profesor de economía en el College of the Holy Cross, en declaraciones a Fortune.

El nuevo Highmark Stadium de los Buffalo Bills es el recinto más pequeño de la NFL, con 60.108 butacas, un 16 % menos que su antecesor (AP/Jeffrey T. Barnes)

Entre 1970 y 2020, los gobiernos locales destinaron USD 33.000 millones a estadios profesionales

La dinámica de Buffalo no es excepcional. Entre 1970 y 2020, los gobiernos estatales y municipales de Estados Unidos y Canadá gastaron USD 33.000 millones en fondos públicos para arenas de las ligas mayores, con una contribución pública mediana que cubrió el 73% de los costos de construcción, según datos recopilados por Fortune.

Solo en 2024, se propusieron más de USD 13.000 millones en subsidios adicionales para nuevas obras y renovaciones.

Matheson calificó la mecánica como una de las peores políticas públicas vigentes. “Pedir a los trabajadores que paguen más impuestos para que los ricos y la clase media alta vean partidos en estadios relucientes es sencillamente inaceptable”, sostuvo el economista.

El fenómeno tiene un paralelo directo con las guerras de incentivos fiscales entre ciudades. En 2018, Amazon solicitó ofertas de 238 municipios para su segunda sede. Nueva Jersey ofreció USD 7.000 millones; Maryland comprometió USD 8.500 millones. Nueva York propuso USD 3.500 millones, menos de la mitad que Newark, y aun así Amazon la eligió, antes de que la oposición comunitaria forzara la retirada del acuerdo.

La lección, según los economistas, es que estas ciudades ya contaban con las ventajas estructurales para ganar: el dinero público fue, en la práctica, un rescate para evitar una partida que nunca estuvo realmente sobre la mesa.

En 2018, Amazon solicitó ofertas a 238 ciudades para instalar su segunda sede y eligió Nueva York, que propuso USD 3.500 millones (REUTERS/Stephane Mahe)

Los dueños de franquicias priorizan las experiencias premium

La lógica económica detrás de la reducción de asientos es directa. En la mayoría de las ligas, los ingresos por televisión y merchandising se reparten entre todas las franquicias, pero la recaudación por asientos premium, suites y palcos queda íntegramente en manos de cada equipo. Esa asimetría incentiva a cada propietario a eliminar butacas baratas y maximizar el rendimiento por metro cuadrado.

“El dinero está en las experiencias superpremium, no en llenar butacas”, explicó Matheson. Y agregó: “El viejo modelo era construir un estadio de 85.000 asientos y vender entradas baratas con la esperanza de que la gente comprara maní y palomitas. Ya nadie vende así”.

El costo de presenciar eventos deportivos en vivo aumentó un 123% desde el inicio de siglo y superó la inflación general (Brad Penner-Imagn Images)

Mike Vorkunov, periodista especializado en negocios deportivos de The Athletic, coincidió en que los costos operativos también presionan. “Todo se está encareciendo: los salarios de los jugadores, los entrenadores, los directivos, los viajes, el scouting, la investigación y la tecnología”, declaró para CBS News.

Vorkunov añadió que los nuevos propietarios, tras desembolsar miles de millones por una franquicia, están especialmente incentivados a tratarla como un negocio con margen de ganancia cada año.

También reconoció que los propietarios de franquicias empiezan a advertir el riesgo de alienar a su base más leal. “Es algo con lo que todos tienen que lidiar: que los deportes, a todos los niveles, no se sientan como algo inalcanzable”, apuntó.

El Globe Life Field, el Soldier Field y el Hard Rock Stadium también redujeron su capacidad

El patrón se extiende por todo el mapa deportivo. El Globe Life Field, nueva casa de los Texas Rangers de la MLB, redujo su capacidad en más de un 16% respecto al antiguo Ballpark at Arlington, al tiempo que incorporó más de 130 suites y más de 3.000 asientos de club.

El Globe Life Field, nueva casa de los Texas Rangers, redujo su capacidad un 16 % respecto al anterior Ballpark at Arlington, pero sumó más de 130 suites (Jerome Miron-Imagn Images)

El Angels Stadium de Anaheim perdió 19.076 localidades en su remodelación de 1998. El Hard Rock Stadium de Miami eliminó 10.692 en su renovación de 2015-2016. El Soldier Field de Chicago, casa de los Bears, suprimió 5.444 butacas en su reforma de 2003.

Varias franquicias planean nuevos recintos en los próximos cinco años, entre ellas los Bears, Kansas City Chiefs y Washington Commanders de la NFL; Dallas Stars de la NHL y Philadelphia 76ers de la NBA.

El nuevo estadio de los Chiefs proyecta aproximadamente un 15% menos de asientos que el legendario Arrowhead Stadium.

Instalaciones como el Hard Rock Stadium recortaron miles de localidades para sumar áreas exclusivas entre sus gradas (Geoff Burke-USA TODAY Sports)

La FIFA subió los precios en más de 90 partidos del Mundial y enfrenta reclamos

La escalada de precios no se limita a las ligas locales. La FIFA aumentó los valores de más de 90 de los 104 partidos del Mundial 2026 entre octubre de 2025 y abril de 2026, con un incremento promedio del 34% en las tres categorías principales de entradas.

Desde la organización afirmaron haber recibido 500 millones de solicitudes para los siete millones de boletos disponibles.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ofreció 130.000 entradas a USD 60 —de un total de seis a siete millones— y lo calificó como “lo correcto”.

Mientras que la coalición Football Supporters Europe presentó una queja formal por presunto abuso de posición dominante. Los fiscales generales de Nueva York y Nueva Jersey citaron a la FIFA por supuesta manipulación de precios y tergiversación en la ubicación de los asientos.

La fiscalía citó a la FIFA por presunta manipulación de tarifas tras el alza de precios en boletos del Mundial 2026 (AP Photo)

Economistas alertan de que los aficionados recurren al endeudamiento

El fenómeno que los economistas denominan “funflation” —el encarecimiento sostenido de las experiencias en vivo por encima de la inflación, acentuado tras la pandemia— tiene una consecuencia menos visible: una proporción creciente de aficionados admite recurrir al crédito para seguir asistiendo a eventos.

En la WNBA, abonados en Washington y Phoenix reportaron aumentos de entre el 42 y el 70% en sus renovaciones, con algunos paquetes de primera fila que casi duplicaron su precio de un año al otro.

Abonados de la WNBA en Washington y Phoenix reportaron aumentos de entre el 42 % y el 70% en el precio de renovación de sus entradas de temporada (Kevin Ng-Imagn Images)

Judd Kessler, profesor de economía empresarial en la Wharton School y autor de Lucky by Design, describió la dinámica de los subsidios a estadios como un fallo de mercado estructural.

Cuando el dinero público construye un recinto que el propietario luego restringe deliberadamente, el contribuyente financia la creación de una escasez de la que será excluido por precio.

Mientras que, cuando los recintos fijan valores por debajo de lo que el mercado absorbería, el excedente se desplaza hacia bots, colas y plataformas de reventa, donde entre el 25 y el 35% se extrae en comisiones por cada transacción.