
La fundación privada de Steven Spielberg y Kate Capshaw aparece como el principal respaldo económico de American Exchange Project, un programa educativo que busca convertir el verano posterior a la secundaria en una instancia de formación y contacto entre jóvenes de distintas partes de Estados Unidos.
La iniciativa, creada en 2019, propone intercambios domésticos de dos semanas para recién graduados, con la idea de que ese período previo al ingreso a la universidad deje de ser un tiempo vacío y adquiera valor formativo, tal y como reconstruyó Forbes.
De acuerdo con Forbes, la organización ya reunió más de USD 30 millones en compromisos filantrópicos, y el aporte más grande, de más de USD 14 millones, llegó desde la fundación de Spielberg y Capshaw.
La revista afirmó que ese respaldo ubicó al cineasta entre los nombres más visibles detrás de una iniciativa que intenta intervenir en un momento clave de la vida adolescente estadounidense.
Un intercambio dentro del país para salir de la burbuja
El eje de American Exchange Project consiste en enviar a jóvenes recién graduados a comunidades muy distintas de aquellas en las que crecieron.
La propuesta apunta a que convivan durante dos semanas con familias anfitrionas, conozcan otra región del país y entren en contacto con costumbres, entornos sociales y realidades económicas diversas.
Forbes aseguró que el objetivo de fondo es sacar a los estudiantes de sus propias “burbujas” culturales y geográficas.
El principal impulsor de la iniciativa es David McCullough III, nieto del historiador David McCullough y cofundador junto con el corresponsal económico de PBS NewsHour, Paul Solman, y el economista Robert Glauber, vinculado a Harvard, fallecido después del lanzamiento.
En declaraciones recogidas por Forbes, McCullough sostuvo que nunca quiso ser emprendedor por sí mismo, sino resolver un problema concreto. “Creo que uno debería querer resolver un problema”, afirmó al explicar el origen del plan.
La publicación remarcó que el proyecto tomó forma a partir de una investigación inicial sobre cómo reducir las divisiones sociales y territoriales dentro del país.
En ese trabajo, el fundador detectó un patrón repetido entre muchos adolescentes: la percepción de que crecían dentro de una burbuja y que casi no conocían formas de vida alejadas de su entorno inmediato.
La apuesta por el “verano perdido”
Uno de los puntos más fuertes del planteo, tal y como lo presentó Forbes, es el diagnóstico sobre el calendario educativo. McCullough considera que el verano posterior a la graduación de la secundaria representa una de las etapas más desaprovechadas del sistema formativo estadounidense.
Mientras otras fases de la adolescencia aparecen cargadas de actividades, programas y exigencias, ese tramo previo a la universidad suele quedar abierto.
En ese marco, la entidad intenta intervenir sobre ese espacio con una lógica precisa. McCullough le dijo a Forbes que se trata de una suerte de “espacio en blanco”, una ventana en la que los jóvenes ya salieron de una estructura escolar, pero todavía no ingresaron de lleno a la siguiente.
La apuesta también tiene una dimensión psicológica. El creador señaló al medio que ese momento importa porque muchos adolescentes todavía están definiendo quiénes son antes de adaptarse a la universidad, al trabajo o a la vida militar. A su entender, ese tránsito vuelve más receptiva la vivencia del intercambio.
El caso que Forbes eligió para mostrar el impacto
Para ilustrar el alcance de la propuesta, Forbes contó la historia de Allonah Ashworth, una joven de Lake Charles, Louisiana, que viajó a Wellesley, Massachusetts, en 2021 gracias al programa.
La revista relató que Ashworth nunca había subido a un avión antes de ese viaje y que llegó con prejuicios sobre cómo sería el trato en el noreste de Estados Unidos.
Ashworth aseguró que esa instancia modificó tanto su mirada como sus decisiones personales. Tras el recorrido, abandonó sus planes de estudiar farmacología y se orientó hacia la psicología en Prairie View A&M.
Más tarde estudió en Uganda y Jamaica, y este otoño iniciará una maestría en salud mental clínica en William James College, en Boston, de acuerdo con Forbes.
La publicación también indicó que la organización cuenta con unos 30 empleados, miles de voluntarios y la ambición de instalar estos intercambios como una práctica tan extendida como el baile de graduación.
Por ahora, la expansión depende en gran parte del respaldo filantrópico, aunque McCullough afirmó que algunos estados ya exploran formas de apoyo público.
