Unidos entró en un laberinto: la Reforma Electoral chocó contra la pelea por el poder

Unidos entró en un laberinto: la Reforma Electoral chocó contra la pelea por el poder
Unidos entró en un laberinto: la Reforma Electoral chocó contra la pelea por el poder

La discusión que anticipó Democráticamente este miércoles terminó convirtiéndose horas después en uno de los principales obstáculos para cerrar el Código Electoral dentro de Unidos. La posibilidad de permitir una competencia independiente por la Vicegobernación expuso la pelea por los espacios de poder entre los socios de la coalición. Tampoco hay acuerdo definitivo sobre los pisos electorales y el modelo de Boleta Única para las generales. El dictamen quedó para este jueves a las 11, pocas horas antes de una sesión que estaba programada para tratar la iniciativa y cuya realización en esas condiciones comienza a quedar bajo interrogantes. Mientras tanto, aparecieron alternativas: ofrecerle al socialismo lugares privilegiados en Diputados o habilitar listas legislativas sin candidato a gobernador. La oposición amenaza con judicializar y hasta intendentes de Unidos cuestionan no haber sido convocados. Una postergación de una semana ya no debería sorprender a nadie.

La Reforma Electoral de Santa Fe llegó al momento en el que las discusiones técnicas empezaron a revelar con mayor claridad los intereses políticos que existen detrás de cada modificación. Y Unidos para Cambiar Santa Fe no consiguió este miércoles cerrar el acuerdo que esperaba.

Después de semanas de conversaciones y cuando parecía que el oficialismo llegaba a la instancia definitiva para llevar el nuevo Código Electoral al recinto de la Cámara de Diputados, una reunión realizada durante la tarde volvió a dejar diferencias importantes entre los socios de la coalición gobernante.

La definición del dictamen pasó para este jueves a las 11. El horario no es un detalle: será apenas unas horas antes de la sesión que estaba prevista para avanzar con el proyecto.

Por eso, a esta altura tampoco debería descartarse que los desacuerdos terminen modificando el cronograma y el tratamiento sea postergado una semana.

Hay al menos tres cuestiones que siguen generando tensiones: los pisos electorales, la cantidad y conformación de las boletas para las elecciones generales y, fundamentalmente, qué hacer con la Vicegobernación.

Este último punto había sido anticipado durante la edición del miércoles de Democráticamente. Horas después terminó apareciendo como una de las discusiones que empantanaron el acuerdo interno.

La discusión que se anticipó en Democráticamente

El problema comienza con algo aparentemente sencillo: el diseño de la futura Boleta Única.

Una de las alternativas discutidas dentro del oficialismo pretende agrupar categorías provinciales en las elecciones generales. El cambio fortalecería inevitablemente el peso electoral de quien compita por la Gobernación y reduciría la autonomía que hasta ahora tiene la lista de diputados provinciales.

Pero detrás de la ingeniería electoral existe un problema estrictamente político. ¿Cómo se reparte el protagonismo entre los socios de Unidos?

En 2023, la coalición encontró naturalmente esa distribución. La UCR consiguió la candidatura a gobernador con Maximiliano Pullaro. El PRO ocupó la Vicegobernación con Gisela Scaglia. Y el Partido Socialista encontró su lugar de competencia en la categoría Diputados, donde Clara García ganó la interna y posteriormente encabezó la lista para la elección general. Cada uno de los principales socios pudo mostrar sus votos.

El nuevo modelo podría romper ese equilibrio. Si Gobernación y Diputados aparecen vinculados en una misma boleta, la candidatura legislativa quedará mucho más condicionada por el arrastre del postulante a gobernador.

Entonces aparece una pregunta que parece técnica, pero es eminentemente política: ¿Dónde podrá el socialismo poner en valor sus votos?

¿Una interna para elegir al vice?

Allí nació una de las alternativas que circula dentro de Unidos y que genera uno de los debates más complejos. La posibilidad de trasladar esa competencia hacia la Vicegobernación.

El mecanismo permitiría que un mismo candidato a gobernador aparezca en las PASO acompañado por diferentes candidatos a vice.

De esta manera, un sector podría presentar la fórmula Pullaro-Scaglia y otro, por ejemplo, competir con el mismo candidato a gobernador pero proponiendo otro nombre para la Vicegobernación. La interna ya no estaría arriba. Estaría abajo.

El candidato a gobernador permanecería intacto y serían los socios quienes medirían fuerzas para determinar quién completa finalmente la fórmula.

En términos políticos, la alternativa parece diseñada para solucionar un problema muy concreto de la actual composición de Unidos: permitir que los diferentes partidos puedan competir, medir su peso electoral y conservar protagonismo sin necesidad de enfrentar directamente al candidato a gobernador.

Pero también abre interrogantes jurídicos, electorales y políticos. Y fundamentalmente despierta desconfianzas.

Una solución para Unidos que podría convertirse en una regla para todos

El principal problema es que una ley electoral no se escribe solamente para resolver las necesidades de una coalición determinada. Las reglas que ahora sancione la Legislatura quedarán disponibles para todos.

Unidos puede necesitar hoy una herramienta que permita administrar la convivencia entre radicales, socialistas y PRO. Mañana podría utilizarla el peronismo. O cualquier otra coalición.

Por eso, aunque la discusión nace de una necesidad coyuntural, sus consecuencias serían estructurales.

El mecanismo incluso podría terminar institucionalizando una modalidad bastante particular: que el candidato a gobernador de un frente no tenga durante las PASO un compañero de fórmula único, sino diferentes alternativas compitiendo por ese lugar. Y aparece entonces otra pregunta. ¿Qué ocurre después con quien gana?

Un vice con votos propios

La propuesta tiene una consecuencia política que no debería minimizarse. Actualmente gobernador y vice compiten como una fórmula. Pero si el segundo término del binomio debe superar una interna propia para conseguir ese lugar, quien resulte vencedor llegará a la elección general con algo que hoy no necesariamente posee: una legitimidad electoral individual dentro de la propia coalición.

Tendrá sus votos. Tendrá su estructura. Y podrá argumentar que su presencia en la fórmula no surgió exclusivamente de una negociación entre dirigentes, sino de la voluntad expresada por los ciudadanos en las PASO.

Eso puede fortalecer políticamente al vicegobernador. Quizás demasiado.

Porque aquello que inicialmente aparece como una herramienta para equilibrar una coalición también podría trasladar esa competencia hacia el interior de una futura gestión.

Un gobernador y un vice legitimados por procesos diferentes podrían convivir perfectamente. O podrían transformar las diferencias internas de la coalición en tensiones dentro del propio Poder Ejecutivo. Por eso, la discusión excede largamente la elección de 2027.

La alternativa que le ofrecieron al socialismo

Pero la Vicegobernación no es la única herramienta que se barajó para resolver el problema.

Según pudo reconstruir este medio, internamente también se planteó una alternativa mucho más tradicional para garantizarle protagonismo al Partido Socialista.

La propuesta consistiría en acordar una lista de unidad para Diputados provinciales con fuerte presencia socialista. Una de las variantes que circuló contempla que el PS tenga los lugares impares de la nómina.

De esa manera, el socialismo conservaría un espacio central dentro de la arquitectura electoral de Unidos sin necesidad de modificar el mecanismo de elección de la Vicegobernación. Y, simultáneamente, quedaría despejado el camino para repetir el binomio que actualmente conduce la Provincia: Maximiliano Pullaro-Gisela Scaglia.

La solución parece bastante más sencilla desde el punto de vista institucional. Pero vuelve a aparecer el mismo inconveniente político: quién mide sus votos y cómo determina cada partido cuánto pesa realmente dentro de Unidos.

Una lista acordada reparte lugares. No necesariamente mide fuerzas.

Otra posibilidad: listas sin candidato a gobernador

Existe además otra alternativa que comenzó a aparecer en las conversaciones y que puede tener consecuencias electorales todavía más interesantes. Permitir listas que no necesariamente estén vinculadas con una candidatura propia a gobernador.

La herramienta abriría la puerta a una suerte de sistema de colectoras dentro del nuevo esquema.

Un sector podría competir en una categoría legislativa sin necesidad de presentar un candidato diferente para encabezar el Poder Ejecutivo.

El antecedente más cercano que se menciona en conversaciones políticas es la elección de convencionales constituyentes.

Allí apareció una lista encabezada por Alejandra “Locomotora” Oliveras y completada con dirigentes vinculados al radicalismo. Los tres convencionales que ingresaron por aquel espacio terminaron acompañando posteriormente al oficialismo en votaciones centrales de la Convención.

La experiencia demostró hasta qué punto una oferta electoral diferenciada puede terminar confluyendo políticamente después de las elecciones. Trasladar una herramienta semejante al Código Electoral podría abrir un escenario completamente nuevo. Y nuevamente serviría para resolver el problema que hoy preocupa a Unidos: cómo permitir que diferentes sectores expresen electoralmente su peso sin obligarlos a disputar la candidatura a gobernador.

La oposición amenaza con llevar la ley a la Justicia

Mientras Unidos intenta resolver sus diferencias internas, afuera de la coalición también empiezan a crecer los cuestionamientos. Dirigentes opositores ya anticipan que podrían judicializar aspectos del futuro Código Electoral.

Los cuestionamientos no se concentran solamente en el contenido. También apuntan al procedimiento.

Desde sectores opositores cuestionan la velocidad con la que se pretende sancionar una norma que establecerá las reglas mediante las cuales competirán todos los partidos santafesinos durante los próximos años.

La crítica apunta especialmente a que buena parte de las decisiones centrales se están adoptando dentro de Unidos y posteriormente son trasladadas al ámbito legislativo. El oficialismo tiene los números necesarios para avanzar. Pero tener los votos para sancionar una ley electoral no necesariamente resuelve la discusión sobre la conveniencia política e institucional de construir consensos más amplios.

También hay enojo dentro de Unidos

Y allí aparece otro dato que no debería pasar inadvertido. El malestar no existe solamente entre los opositores. Durante este miércoles se escucharon públicamente fuertes cuestionamientos de legisladores que no pertenecen al oficialismo por los tiempos impuestos al debate.

Pero, según consultas realizadas por este medio, también existen intendentes de Unidos molestos por no haber sido convocados a discutir el nuevo esquema.

El planteo tiene lógica. La Reforma Electoral no afectará solamente a quienes ocupan bancas en la Legislatura. También modificará las reglas mediante las cuales competirán intendentes, concejales y estructuras territoriales.

Los jefes municipales son quienes deberán poner el cuerpo durante la campaña, ordenar alianzas locales y explicar las nuevas reglas a sus propios espacios. Y algunos consideran que están mirando desde afuera una negociación cuyas consecuencias deberán afrontar directamente.

El problema ya no es solamente conseguir los votos

Unidos posee mayoría suficiente en Diputados para imponer buena parte de su agenda. Eso quedó demostrado durante los últimos años. Pero el Código Electoral presenta una particularidad. Esta vez, la principal negociación no parece estar entre oficialismo y oposición. Está dentro del propio oficialismo.

Porque cada modificación altera equilibrios. El radicalismo pretende preservar la centralidad que consiguió desde la llegada de Pullaro a la Gobernación. El socialismo necesita mantener un territorio electoral donde pueda demostrar que continúa siendo un socio de peso.

El PRO tiene actualmente la Vicegobernación y difícilmente observe con indiferencia cualquier mecanismo que convierta ese lugar en objeto de una competencia interna. Y los dirigentes territoriales quieren saber cómo impactarán las modificaciones sobre sus propias elecciones.

La ley puede tener los votos. Lo que todavía no tiene es el acuerdo político definitivo.

¿Y si se posterga una semana?

A esta altura, esa posibilidad no debería sorprender. Una semana atrás, el objetivo era llegar al recinto con un texto suficientemente acordado dentro de Unidos y, en la medida de lo posible, sumar consensos opositores.

Horas antes de la sesión, ese escenario todavía no está garantizado.

Forzar una votación puede permitirle al oficialismo conseguir la aprobación gracias a su mayoría. Pero también puede profundizar diferencias internas y entregar argumentos a quienes cuestionan que una legislación de semejante importancia institucional se resuelva a una velocidad excesiva.

Postergar una semana tampoco solucionaría mágicamente las diferencias. Pero otorgaría algo que hasta ahora parece escasear: tiempo. Tiempo para discutir con la oposición. Tiempo para escuchar a los intendentes. Y, sobre todo, tiempo para que Unidos resuelva una pregunta que nació con el nuevo modelo electoral y que todavía no encuentra respuesta definitiva: si la categoría Diputados deja de funcionar como el territorio donde cada socio puede medir su peso, ¿dónde se disputará el poder interno de la coalición?. 

La Vicegobernación apareció como una respuesta. Pero terminó generando nuevas preguntas. Y quizás allí esté la explicación de por qué, a pocas horas de una sesión que debía encaminar el nuevo Código Electoral de Santa Fe, Unidos todavía discute las reglas con las que pretende mantenerse unido.